UNA VISIÓN POR EL DOLOR:
MOZART, SCHUMAN Y SHOSTAKOVICH
CONFERENCIA.

por Fernando Herrero, escritor y crítico cultural.

 

día 31 de mayo, 8 tarde:
Biblioteca Pública de Valladolid. Plaza de la Trinidad

 

El próximo día 31 de mayo, a las 8 de la tarde, DDOOSS presenta en la Sala de Actos de la Biblioteca Pública de Valladolid, la conferencia UNA VISIÓN POR EL DOLOR: MOZART, SCHUMAN Y SHOSTAKOVICH, por Fernando Herrero, escritor y crítico cultural. Mientras se celebra el 250º aniversario del nacimiento de Mozart, las conmemoraciones del centenario del nacimiento de Dmitri Shostakóvitch (San Petersburgo, 25 de noviembre de 1906- Moscú, 9 de agosto de 1975) y del 150 aniversario de la muerte del compositor Robert A. SCHUMAN (Zwickau 8 de junio de 1810 - Endenich 29 de julio de 1856) apenas ha despertado atención. El escritor y crítico cultural Fernando Herrero explorará el nexo de unión entre los tres grandes músicos articulado en torno una existencia trágica

Mozart. Schumann, Chostakovich. Tres grandes músicos de tres épocas diferentes. Hablar de su obra en el breve espacio de una charla resulta imposible. Es necesario buscar un lazo de unión y este es el dolor, la tragedia que rompe los grandes momentos de creatividad artística e incluso de felicidad personal. La muerte temprana de Mozart, la locura de Schumann, la persecución política de Chostakovich. Un réquiem incompleto es la rúbrica de la inmensa obra del genio de Salzburgo, unos años en las tinieblas de la locura que cierran la vida de de Schumann, los vaivenes del terror, de la imposición política, del temor del gulag que ensombrecen el periplo creador del autor de una de las series de cuartetos más importantes de la historia de la música.

El genio alegre de Wolgang Amadeus, su precocidad increíble, su facilidad para crear en un papel pautado, casi sin correcciones, su vida tumultuosa, el amor, la sujeción al padre o a los mecenas de turno como Colloredo. Muerto muy joven, con una obra ingente, con temas sublimes y profundos, Mozart es, a mi juicio, un músico dificilísimo. No admite sino la esencialidad, lo superfluo no hace sino contaminarlo. El dolor de su muerte, la fosa común como triste destino, tan injusta, tan absurda, como la de Schubert, Arriaga, Bellini y tantos otros en la pulsión máxima de su genio, nos persigue años después, aunque se conmemore con al alegría de unos fastos que son a la vez justos y artificiosos.

Pobre Schumann. El gran músico, el hombre bueno y combativo, el ejemplo máximo del genio romántico que perseguía “el todo”, protagonista de una extraordinaria historia de amor (“Pasión inmortal” se llamaba la película primera que la refleja) con Clara Wieck. Hoffman, otro romántico, y el escritor Jean Paul como inspiración. Eusebios y Florestan, los dos seudónimos de sus artículos. La locura invadiendo su cerebro, apartándolo de la música durante tantos años…. Creador de sublimes temas, de inspiradísimos lieder en los que canta el amor. Ocho hijos y las tinieblas posteriormente, signo del mayor dolor posible.

Chostakovich cuestionado por el propio autócrata del Kremlin y su canalla. La ópera proscrita, obligándole al endulzamiento, las Sinfonías alternando la complacencia y la personalidad, siempre con un extraordinario oficio, los Cuartetos como su obra personal, el que cierra la serie con sus seis Adagios impresionantes. El dolor de ser a la vez icono de un Régimen perverso y enemigo casi secreto de este Sistema. La música expresaba su yo intimo, su sarcasmo y su última creencia en el arte como vehiculo de su personal tragedia.

Tres grandes músicos que perviven y que quizá no necesitarían otros homenajes que la interpretación de sus obras que, afortunadamente, pertenecen al repertorio universal de ese arte sublime que ellos elevaron a la genialidad.

 

FERNANDO HERRERO