Entrevista a Daniel Cohn-Bendit
por Ricardo M.de Rituerto

      

 

Daniel Cohn-Bendit es copresidente del grupo de los Verdes en el Parlamento Europeo)
El País 3-07-2005

Daniel Cohn-Bendit tiene ya 60 años. Pero el tiempo no ha apagado su pasión política, desbordada en Mayo del 68 como líder de la revolución estudiantil y hoy volcada, con el mismo verbo inflamado, en defensa de Europa. El que fuera Dany el Rojo considera que Europa atraviesa momentos tan críticos que puede verse abocada a la desintegración. Los egoísmos nacionales se han impuesto y, para colmo, la clase política europea no está a la altura del reto histórico. Su consuelo es que Europa como mercado ha llegado para quedarse y que para que ese mercado pueda competir y sobrevivir en el siglo XXI será necesario actuar también políticamente.

El hoy europarlamentario verde defendió contra viento y marea en numerosos mítines en Francia el a una Constitución que fue rotundamente rechazada por franceses y holandeses.

Pregunta. ¿Está usted deprimido?

Respuesta. He acusado el fracaso. Mentiría si negara que para mí la derrota en Francia es una derrota personal. Es evidente que mis argumentos no han resistido el choque de la democracia. Se han dado muchas razones, pero el hecho es que hemos perdido, que Europa va mal, que existe el riesgo de entrar en una espiral de desintegración. Hay una incapacidad para reactivar el proyecto europeo. Y eso es peligroso porque quien va en bicicleta y se para, se cae. El proyecto europeo debe avanzar; si no, cae. Se desintegra. Estamos en un momento muy peligroso.

P. ¿Puede llegar a desaparecer la Unión Europea?

R. No puede desaparecer. Con la congelación de la Constitución se congela la Europa política. Europa continuará con su formidable fuerza de integración por el mercado, porque Europa sigue siendo una zona de mercado. Tiene capacidad de iniciativa política, pero limitada. El motor estructurante de Europa va a seguir siendo el mercado interior, y yo creo que es insuficiente para hacer frente a los problemas que Europa tiene ante sí. Hay que ver si hay voluntad política o no de seguir.

P. Es la visión británica: negocios, mercado, nada de sueños de unión política...

R. La ironía de la historia es que los británicos toman la presidencia de la UE en el momento en el que se ha hecho un gran regalo a su visión de Europa, dados los llamativos fracasos de las otras visiones. Pero creo que los británicos se van a dar cuenta de que esa lógica del mercado no es suficiente, ni siquiera para hacer funcionar el mercado. Si queremos que la economía europea sobreviva, que compita con los países emergentes, con China, con India, con EE UU, hay que actuar no sólo económica, sino políticamente. Creer que la organización de un mercado está fuera de la política es algo que ni a Blair se le ocurre.

P. Precisamente para que Europa sea competitiva, Blair ha propuesto cambios profundos en el funcionamiento de la UE.

R. No ha propuesto nada concreto. Si quiere tener éxito debe proponer cosas que sean admitidas por los demás. Soy escéptico.

P. ¿No cree que sea capaz de convencer a los otros?

R. Todos estamos de acuerdo en que hay que reformar Europa. Pero no hay acuerdo en cómo hacerlo. La cuestión es si Blair será capaz de ser un integrador. Tengo mis dudas, dado su comportamiento sobre Irak.

P. Se ha dicho que el no a la Constitución supuso la ruptura de un sueño, en referencia a la unión política.

R. Europa debe organizarse políticamente si se quiere regular la globalización; si se quiere, como Blair ha dicho, tener una política ambiciosa de protección del medio ambiente; si se quiere tener otra visión de la organización del mundo.

P. ¿Tiene sentido hablar de unión política con 25 países, y creciendo, tan diferentes entre sí?

R. Fue un error reunificar Europa antes de haber profundizado en Europa. El Tratado fue el último compromiso a Quince. Ahora es más difícil, pero la unión es necesaria. Que sea difícil no quiere decir que sea imposible.

P. El debate constitucional ha dejado claro que en la opinión pública no se sigue lo que políticos, prensa y élites dicen.

R. Es cierto, y por eso, aunque no se abandone la idea de la unión política, se debe intentar comprender por qué la gente no considera a Europa como una solución a los problemas, sino como parte del problema. Hay que ver qué deficiencias hay y cómo se pueden mejorar. No hay que dar marcha atrás. Hay que dar otro rostro, otra práctica económica y social a la Unión Europea. Eso es fundamental.

P. Suena todo muy vago, no hay idea-chispa que cree emoción.

R. Hay que marcarse un objetivo concreto que afecte a todos los europeos. Un ejemplo: en Europa hay en estos momentos un proceso de modernización de las líneas férreas. Se le puede mostrar a un ciudadano europeo un mapa de Europa, y decirle que con una nueva utilización del presupuesto europeo vamos a definir, por ejemplo, la línea Málaga-Sevilla hasta Estocolmo, o de Brest a Varsovia, o de Glasgow a Calabria. Ahí tenemos, de repente, una visión real de Europa para los europeos. Puede hacerse lo mismo en investigación, en energías renovables, que es algo que afecta a todos los países, porque todos estamos pendientes de Kioto. Otro ejemplo: invertir en los universitarios y en programas de intercambio, como Erasmus, Sócrates o Leonardo.

P. Son propuestas que llegan en el momento en que se avecinan cortes presupuestarios drásticos.

R. Es que es en momentos así cuando hay que coger el toro por los cuernos. Por cierto, ¿sabe que España jugó un papel importante en el no holandés?

P. ¿Y eso?

R. En las dos últimas semanas de campaña del no, en todas las estaciones y en todos los lugares había un gran cartel con un "Decimos no" junto a un toro al que estaban matando. Porque la Constitución no prohibía las corridas, y en Holanda hay un sentimiento muy fuerte de protección a los animales. Fue una imagen que impactó mucho. La excepción cultural que hay en la Constitución para las corridas fue un argumento que movilizó a muchos holandeses.

P. Hablábamos del presupuesto...

R. Ahí se ve uno de los grandes dramas de Europa, que los responsables políticos europeos no están históricamente a la altura. Nadie dice qué es lo que se espera de Europa, cuál es la visión de Europa, y así no se puede llegar a un acuerdo sobre el Presupuesto. El Presupuesto no consiste en llegar a un compromiso entre el cheque británico, la política agraria comunitaria y la política de solidaridad, sino sobre qué es lo que se quiere de Europa, qué es necesario. Y a partir de ahí ponerlo todo junto y darle un soporte financiero.

P. Los Gobiernos de la UE insisten en que hay que limitar el gasto.

R. La financiación mediante la contribución de los Estados llega a un límite, de acuerdo, pero habrá que buscar otros recursos financieros. Alguna forma de impuestos..., una base de impuestos sobre las empresas que iría directamente a Europa, o una tasa sobre el queroseno de los aviones, o tasas ecológicas sobre el consumo de energía, o cargar con un céntimo o medio céntimo cada llamada telefónica, exceptuados estudiantes y jubilados. Con un céntimo o medio céntimo sobre cada llamada de teléfono como una tasa europea se tendría una recaudación fiscal importante que podría permitir a Europa actuar. Hay que rechazar todo presupuesto a la baja porque eso supone la muerte de Europa. Los políticos tienen que afrontar su responsabilidad.

P. Pues está claro que va a haber una reducción en el presupuesto.

R. Se han impuesto el egoísmo nacional y la visión restrictiva nacional. Por eso me parece bien que no haya acuerdo. Hay que ir hasta el final de la crisis. Que todo el mundo se vea obligado a redefinir sus perspectivas para Europa; porque si no se hace, no se podrá avanzar. Hoy en día, un acuerdo a la baja es una impostura.

P. Blair propone recortar el gasto en agricultura para potenciar la tecnología.

R. La agricultura necesita reformas en el interior, porque opera con un régimen productivista, que no pone el acento en la calidad. La reforma necesaria es la de reorganizar el espacio rural. El Reino Unido ha bloqueado sistemáticamente las reformas propuestas.

P. La Constitución ha quedado congelada y se han cancelado referendos. ¿Temen los Gobiernos a la opinión pública?

R. Lucidez no es temor. No veo por qué Europa debe ser masoquista. Está claro que el proyecto constitucional, por razones de política nacional, pero también por el modo en que los ciudadanos ven Europa, no es aceptado. Por tanto, habrá que cambiar las políticas de Europa. Tomemos el texto como una base de actuación. Hay muchas cosas que se pueden hacer. Por ejemplo, el hecho de que ocho Parlamentos nacionales puedan rechazar una directiva. Así se verá que el debate legislativo nacional y el europeo van de la mano. El problema que hoy tenemos es que Europa decide, y cinco años después se tiene que aplicar lo decidido en España y los demás países. Eso es terrible. Hoy se nos habla de una diplomacia europea común, pongámosla en práctica. Se puede avanzar también en políticas sociales y fiscales. Hagámoslo. El Tratado constitucional sirve de referencia y se puede seguir avanzando.

P. ¿No sería visto eso en Francia u Holanda como colar la Constitución por la puerta de atrás?

R. La gente dice no a la Constitución porque no quiere que Europa sea un super-Estado. Así se daría a los Parlamentos nacionales la posibilidad de intervenir. Sería una respuesta a sus inquietudes.

P. El próximo domingo, Luxemburgo vota la Constitución. ¿Qué va a pasar?

R. No lo sé. Yo creo que hay que ver qué partes fundamentales del Tratado se pueden salvar y someterlas a referéndum en toda Europa, tanto en los países que ya han votado como en los del no. Pero deberá ser después de las elecciones presidenciales francesas de 2007. Será un referéndum no necesariamente el mismo día, pero sí con la idea de que, si se aprueba en 19 o 20 países, entre en vigor.

P. En los análisis demográficos del no se ha visto que la mayor parte de los jóvenes estaban contra la Constitución.

R. Las universidades son lugares muy ideológicos. Hay una oposición muy ideologizada a la Constitución nacida de los movimientos antiglobalización. La Universidad es un buen ejemplo de lo que pasa con Europa. A partir de una buena idea de Europa, la armonización de estudios pedida por el proceso de Bolonia para que todo el mundo pueda estudiar en cualquier lugar de Europa, se imponen reformas y se echa la culpa a Europa, a la que se acusa de instrumento del neoliberalismo.

P. Usted ha sido un testigo de primera línea. A lo largo de su campaña en Francia, los estudiantes le acusaban de traidor, de mentiroso, de pequeño burgués...

R. Gran burgués.

P. Gran burgués, liberal... porque aún se le recuerda como Dany el Rojo, el revolucionario del 68.

R. No es la primera vez en mi vida que me llaman traidor. Lo inquietante de hoy es que hay una nueva dimensión del traidor. El traidor en tiempos del estalinismo era un agente del imperialismo. Hoy, el traidor es el agente del neoliberalismo. El horror es el liberalismo. Creo que hay una reducción del pensamiento que es peligrosa porque detrás del problema del liberalismo está el problema de la economía de mercado. No hay alternativa a la economía de mercado La economía de mercado puede desarrollarse de maneras muy distintas: hay una gran diferencia entre una economía social de mercado y una economía ultracompetitiva de mercado. Pero en el interior de la economía de mercado hay competencia. Hay quienes quieren salir de la economía de mercado. Y esta idea lleva a una tradicionalización del pensamiento político. La antiglobalización, que comenzó como una crítica totalmente lógica a una globalización no regulada, se reduce cada vez más a una ideología estatalizadora: es el regreso de la ideología del Estado todopoderoso, intervencionista a todos los niveles. Vuelve esa idea porque está claro que, frente a la globalización, frente a la incertidumbre, frente a la precariedad, frente al paro, la política social moderna no funciona. Y como no funciona se recupera la idea vieja de la protección estatal.

P. ¿Es el debate entre la vieja Europa y la nueva Europa?

R. En su día, la definición de Donald Rumsfeld sobre Vieja Europa y Nueva Europa era difamatoria. Pero tenía algo de cierto. Los países del Este, que acaban de liberarse del comunismo, y los países del Sur, como España, que llegaron también más tarde a Europa, a causa del franquismo o del fascismo, son sociedades más dinámicas, que no temen al futuro, capaces de evolucionar, que aceptan el desafío del cambio. Y la Vieja Europa está formada por sociedades cansadas, envejecidas. Yo creo que las sociedades dinámicas del Este o del Sur deben implicarse a fondo, hacerse responsables del futuro de Europa.

P. En términos geográficos es la Europa de la periferia, los Estados del Sur y del Este, frente a la del Centro.

R. Si la Europa marginal y periférica entiende que su interés no pasa sólo por defender las subvenciones solidarias, que por supuesto debe defender, sino que pasa por defender la idea de que Europa funcione, se podría dinamitar ese enfrentamiento entre Francia y Alemania, entre Francia y el Reino Unido, etcétera.

P. La ampliación ha introducido en la UE ese factor dinamizador. Pero que no todo el mundo está satisfecho con la ampliación.

R. Europa se unificó con Polonia, la República Checa, los países bálticos... Eso no es una ampliación, es una reunificación de Europa, la respuesta de la Historia a la liberación de los pueblos de la Europa Central y del Este. Tenemos el deber de ser solidarios con esa reunificación, como cuando se aceptó a España, a Portugal y a Grecia.

P. De Turquía ya se está diciendo que no entrará nunca en la UE.

R. Con Turquía no se produce una reunificación; sería una auténtica ampliación de Europa. Europa es una entidad política, y la cuestión es si esta entidad política puede funcionar si se amplía a Turquía, al Cáucaso o a otros. Esa es la cuestión. En las condiciones actuales y por primera vez, nadie sabe cómo van a terminar las negociaciones que comienzan el próximo 3 de octubre. Son negociaciones abiertas, y eso quiere decir que dependen, en primer lugar, de la evolución de Turquía. Los turcos no tienen idea de la densidad e intensidad de las reformas que deben hacer para llegar a conquistar el corazón y la cabeza de los europeos. Tiene que convertirse en un Estado moderno. No es algo que vaya a pasar de la noche a la mañana. Europa, por su parte, debe ser capaz de funcionar con una Turquía integrada. Tampoco es algo que se vaya a conseguir de la noche a la mañana.

P. Usted está a favor de Turquía si se cumplen todas las condiciones. Pero Angela Merkel, posible nueva canciller alemana, está en contra, los franceses están en contra, los holandeses están en contra...

R. Yo no digo que lo vayamos a conseguir hoy. Pero hay que luchar porque Turquía tenga una perspectiva de integración.

P. ¿Cuáles son las fronteras de la Unión Europea? ¿Debe Ucrania ser admitida en el club?

R. Ahí estamos pillados. Si se da una perspectiva de integración a Turquía, será muy difícil decir no a Ucrania. El problema que se le va a plantear a Europa es si tal espacio político, económico y social puede funcionar como Europa comunitaria. Esa es la gran cuestión a la que tienen que responder los europeos. El debate no está maduro. En las condicionas actuales es impensable.

 

 

 

 
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