entrevista a Ehsan Yarshater
por Patricia Cohen

      

 

THE NEW YORK TIMES: 12 Agosto, 2011

Ralph Ellison escribió durante 40 años antes de terminar su novela "Juneteenth". Antoni Gaudí trabajó 43 años en la basílica de la Sagrada Familia en Barcelona, pero su construcción continúa hoy. Y en los anales de la gran quijótica, Ehsan Yarshater también merece un capítulo prominente.

A los 53 años, se embarcó en su obra magna, una enciclopedia definitiva de la historia y la cultura de Irán. A los 75, comenzó a buscar un sucesor. No lo encontró, así que continuó trabajando. Ahora tiene 91. Va por la letra "K".

"Mi misión es terminar la enciclopedia", dijo hace poco en su oficina del Centro de Estudios Iraníes de la Universidad de Columbia. Sabe que no podrá hacerlo él mismo, en especial porque la tarea continúa expandiéndose a medida que progresa. Hay temas que agregar y entradas que poner al día. Por eso Yarshater ha buscado asegurar que el trabajo continúe en marcha estableciendo una fundación con un fondo de 12 millones de dólares y finalmente eligiendo a tres académicos que lo reemplazarán como editor general.

La pura ambición del sueño de Yarshater es sobrecogedora. Con dinero del National Endowment for the Humanities, ha trabajado para crear la versión más completa sobre los varios milenios de la historia, el lenguaje y la cultura iraní en el Medio Oriente, el subcontinente indio y Asia Central.

"No hay nada igual" en alcance o calidad, dijo Ali Banuazizi, profesor de Boston College y un ex presidente de la Asociación para los Estudios Medio Orientales de los Estados Unidos.

A diferencia de una enciclopedia convencional, que resume brevemente el conocimiento existente, la obra de Yarshater, Encyclopaedia Iranica, está produciendo conocimientos originales. "La mayoría de los artículos requieren investigación", dijo Banuazizi, porque son temas que nadie ha estudiado en profundidad.

Yarshater elevó el estándar todavía más. "Nuestro objetivo -dijo- es que para cada tema encontremos a la mejor persona del mundo". Con eso en mente, se ha pasado dos años y medio buscando a un experto que escriba sobre Sirjan y Rafsanjan, municipios del sur de Irán.

Yarshater no ha estado en Irán en 32 años, desde que el ayatollah Komeini derrocó al sha de Irán y estableció la República Islámica en 1979. "La imparcialidad de la enciclopedia no agrada al actual gobierno persa", dijo, con un hilo de voz.

Un molesto temblor que comenzó hace varios años en su mano se extendió a sus rodillas y cuerdas vocales, haciéndolo más lento y obligándolo a usar un asistente. Por lo demás, se siente saludable. "Mi sistema inmunológico es excelente", alardeó.

Durante años, su rutina fue trabajar hastar tarde por las noches, regresando a casa recién cuando su mujer bajaba a buscarlo por el pasillo que va desde su departamento hasta el Centro Iraní. "No conozco muchas esposas que tolerarían eso", dijo, en tono elogioso. (Su mujer murió en 1999; no tuvieron hijos).

"Lo he visto trabajar 12 horas seguidas, sin descanso", dijo Ahmad Karimi-Hakkak, director del Centro de Estudios Persas de la Universidad de Maryland, quien conoce a Yarshater desde hace más de 40 años. Recordó una visita en la que Yarshater editó hasta las 3 de las mañana. Tres horas después estaba en la ducha, preparándose para regresar al trabajo.

Yarshater espera que haya otros con el mismo entusiasmo por la tarea. Le tomó 17 años encontrar a sus reemplazantes, en los que rechazó a un sucesor potencial cuando concluyó que "estaba demasiado preocupado por los días de vacaciones que podía tomar y la cantida de horas que debería trabajar".

Ahora, trabaja sólo hasta las 9 de la noche, mucho después de que sus colegas han apagado sus luces. Cuando regresa a casa, se da el gusto de practicar su nuevo hobby: aprender ruso.

Los 1.480 colaboradores de diversas partes del mundo que han compuesto, hasta ahora, 6.500 entradas, conocen su personalidad implacable. "Por cualquier medio que sea necesario, logra que hagas lo que quiere que hagas", dijo Karimi-Hakkak. (Ochocientas entradas en orden alfabético han sido posteadas en una versión online).

El editor en jefe, Ahmad Asharf, dijo que pasó un año trabajando en una entrada sobre clase social. Recibió un honorario de mil dólares por su esfuerzo. "Hacemos esto por medio salario", dijo. "Es algo que hacemos por amor a la obra".

Editar puede ser brutal. Hasta hace poco, Yarshater cequeaba y revisaba meticulosamente cada entrada. "Tal vez soy un criticón", concedió. Trata de elogiar a colegas y asistentes, pero, dijo, "no está en mi naturaleza".

Como la enciclopedia es primordialmente una herramienta de referencia académica, cada hecho debe basarse en múltiples fuentes. "Quería que escribiera cientas de entradas", dijo Roy Mottahedeh, profesor de Harvard. "Escribi una".

Mottahedeh apuntó que Yarshater es el último de una generación de académicos que creían que era posible dominar el amplio espectro de la historia humana, junto con varios idiomas.

Antes de que Yarshater se embarcara en la enciclopedia, viajó por Irán, estudiando dialectos desconocidos, y escribió una obra fundamental de la lingüística. En los años 50 llevó los clásicos occidentales a sus compatriotras con la creación de un instituto de traducciones y publicaciones.

"Recuerdo haber leído estos libros en Irán cuando era chico", dijo Banuazizi.

En 1961, Yarshater fue contratado para enseñar sobre Irán en Columbia, el primer profesor de tiempo completo de persa en una universidad norteamericana desde la Segunda Guerra Mundial. Es reconocido por una serie de iniciativas enormes: fue el editor general de una traducción de 40 volúmenes de la historia del mundo de sigloX de al-Tabari; editor de una parte de la Cambridge History of Iran; y el editor fundador de una clásica serie en varios volúmenes sobre historia e idioma persas. A mediados de los 90, le preocupaba que la poesía persa -en su opinión, la mayor contribución cultural de su pueblo-estaba siendo ignorada. Los hablantes de la lengua inglesa conocen a Omar Khayyam, pero no conocen a Rumi, del siglo XIII, o a Ferdowsi, del X, que escribio "Shahnameh," una épica nacional de 50.000 coplas.

Por eso se embarcó en una nueva colección de 20 volúmenes de literatura persa. "Fue entonces cuando me di cuenta de que sufría una enfermedad", sonrió. "Si algo está por hacerse, siento que debo comenzar a hacerlo".




 

 

 

 
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