Entrevista a John Kenneth Galbraith
(2001)

      

 

La evolución de John Kenneth Galbraith, 1908, pensador y economista nacido en Canadá, está marcada por su rechazo al despojo de la mayoría por parte de la poderosa minoría; a sus años, Galbraith sigue contribuyendo, con su prolífica obra, a buscar soluciones socializadoras; es uno de los más importantes pensadores que ha dado la "cultura económica" de posguerra, estudiando temas decisivos, como los perjuicios de la globalización, las causas de la pobreza o la importancia de la educación, denunciando al mismo tiempo el consumismo, la guerra y otras lacras que amenazan a la humanidad
Sus sopesadas reflexiones le han llevado al convencimiento de que resulta la enloquecida situación mundial actual, a la que define sin ambigüedades como una intolerable explotación de la mayoría social por las actuaciones sin escrúpulos de la superpoderosa minoría. John Kenneth Galbraith lleva muchos años proponiendo medidas socializadoras para los enormes problemas que tiene toda la Humanidad, ahora más agudizados que nunca, en estos albores del siglo XXI; así lo refleja en sus libros, como hace en The affluent society (La sociedad opulenta), en History of Economics; the past as the present (Historia de la Economía; el pasado como presente) o en Economic development (Economía del Desarrollo). En estos libros, Galbraith analiza temas decisivos, como los perjuicios de la globalización, motivos y causas de la pobreza o la trascendencia de la cultura y la educación, que es intolerable que sean sólo una pasión minoritaria y elitista. En La sociedad opulenta, Galbraith denuncia el consumismo provocado por la cultura dominante, así como los malvados objetivos del crecimiento especulativo; en La era de la incertidumbre señala los irreparables males de la guerra, la destrucción del planeta, la ambición del poder de los grandes (G-7 más Rusia) y otros aspectos-clave que amenazan la vida de toda la Humanidad.

-¿Podría darnos su opinión sobre los sucesos de Génova del pasado mes de julio, durante la reunión del G-8, algo que usted ha criticado con inaudita dureza?

-Sí, sí, yo condené y condeno sin paliativos lo que pasó en Italia durante la Cumbre del G-7 más Rusia, algo que hago cuando tengo oportunidad; como censuré sin fisuras la actuación de la policía, con órdenes de sus respectivos gobiernos, en Seatle, Gotemburgo, Praga, Barcelona, etcétera. Independientemente de las calumnias previsibles que se ciernen sobre el potente, por suerte, movimiento antiglobalizador, en el sentido exclusivo que les dan los gestores del libre mercado, sobre todo el Fondo Monetario y el Banco Mundial, lo cierto es que la respuesta ascendente y profunda de muchas personas comprometidas, muchísimas, sobre todo jóvenes, mayoritariamente jóvenes diría, es hoy por hoy una de las grandes esperanzas que tiene el género humano. ¿Qué puedo decir que no haya dicho ya? Sí, sí, sí, algo quiero añadir. Los sangrientos acontecimientos de Génova durante la última Cumbre del G-7 más Rusia, premeditados y diseñados por el Gobierno ultraconservador de Silvio Berlusconi, desenmascaraban la auténtica naturaleza del G-7 más Rusia, todo, desde la regresiva presidencia de George Bush junior hasta la de Vladimir Putin; sin olvidarnos de Japón, Reino Unido, Canadá, Francia y Alemania, por supuesto.

-Sigamos con otro tema, aunque tiene mucho que ver con lo que estamos hablando. Ya se han cumplido diez años de la Guerra del Golfo. Entonces, usted dijo que esperaba que de cuanto había pasado en aquella zona deberían sacarse algunas lecciones. ¿Qué puede decirme, diez años después, y qué enseñanzas se han obtenido?

-Recuerde que entonces dije que en Irak se estaba luchando contra armamentos facilitados por la desmantelada Unión Soviética, por Alemania o Francia; y dije también que, sobre todo, y lo sigo diciendo con mucho énfasis, con armas proporcionadas por la Administración de Estados Unidos. Ellos fueron los promotores y beneficiarios de la guerra, como de todas las guerras que, en definitiva, tienen unos objetivos económicos; no sólo para los grandes fabricantes de armamentos cada vez más sofisticados, puesto que también benefician a las grandes corporaciones financieras, a la banca, a los oligopolios agroalimentarios, a las multinacionales, firmas especuladoras y sociedades transnacionales. Todas se benefician del negocio de las guerras que ellos mismos diseñan y potencian. ¡Claro que sí! Los grandes fabricantes de armas, en definitiva, son los que están detrás, haciendo y deshaciendo, detrás de todas las injusticias y destrucciones que ocurren en el planeta. Pero hay una inclinación, promovida sin duda, que pretende aislar a los lobbies de las armas, considerándolos como algo que está por encima del resto. Es falso. Los análisis serios de economía política, y hasta las interpenetraciones macroeconómicas, exigen que consideremos todas y cada una de las parcelas de la economía mundial, incluyendo por supuesto los planes de ajuste, las privatizaciones, la descapitalización de cada uno de los Estados dependientes y la subordinación a los dictados de la mediocridad de los mediocres técnicos y economistas del Banco Mundial y del Fondo Monetario. Estos mandatos son ejecutados por los gobiernos dependientes, que en los casos europeos, latinoamericanos, africanos y asiáticos son casi todos. De todos los conflictos recientes, cercanos o lejanos, la primera lección que hay que aprender es que debe pararse el comercio de armas y el negocio de la muerte, la destrucción y la guerra, como ya le dije hace unos años.

-¿Cuál es su opinión sobre la guerra contra Yugoslavia, hace dos años, a la que usted también se enfrentó sin paliativos?

-Una vez más vino a demostrarse que Naciones Unidas es una organización títere e ineficaz, instrumentalizada por pocos gobiernos. Creo que eso lo habíamos comentado a raíz de la Guerra del Golfo; además, bien lo saben los humanos, la guerra no sólo supone padecimientos, horror y muerte para los perdedores, sino también para los que presuntos protagonistas victoriosos. En las guerras no ganan ni los soldados vencedores; sólo ganan o, mejor dicho, se benefician, quienes las promueven. Poque la guerra es espantosa y terrible para la mayoría del género humano. Una vez le dije, y hoy se lo repito, que la guerra es la mayor bajeza del ser humano. Es la faz más dramática que producen los enfrentamientos bélicos entre seres humanos. En su momento comenté que estaba seguro que la prolongación efectiva del embargo podía haber evitado tanta desgracia. Ahora estoy convencido de lo contrario, pues el embargo no debe tener lugar. Digo más, pues en ningún caso puede boicotearse a los pueblos, a ningún país, a ningún pueblo. Nadie tiene derecho a suplantar la acción que corresponde al propio pueblo. Lo mismo que ocurre con el bloqueo y las agresiones militares impunes que continuamente están masacrando al pueblo irakí.

-Ya que habla de Irak, ¿qué piensa hoy de la Guerra del Golfo, la guerra contra Irak, a la que usted se opuso asimismo, con todas sus esnergías, como a todas, condenándola sin fisuras, tenaz y abiertamente?

-Sobre Irak, que es lo que me pregunta, anticipé entonces, y lo repito una y mil veces, que la intolerable prolongación del embargo está provocando miles de muertos, hambre, destrucción, atrocidades y daños irreparables, como prolongación intolerable y flagrante violación de todos los derechos humanos de los que tanto hablan los gobiernos occidentales, pura demagogia, así como la OTAN, la Unión Europea y, cómo no, el Gobierno norteamericano.

-¿Pero por qué cree usted que llevaron a cabo la Guerra contra Yugoslavia?

-Yo no hubiera querido jamás la guerra, ninguna guerra, pero aún hay en el mundo gente enloquecida a la que les excita la actividad guerrera y el "arte", entrecomille lo de arte, el "arte" de matar. Más que excitarles, les interesa para sus multimillonarios negocios y la ampliación insaciable de sus mercados. Así lo que señalo en mi libro La cara del capitalismo. Me refiero a su auténtica faz, a los verdaderos intereses inhumanos que provocan la guerra y las agresiones militares. Digo más. Se trata de una ideología de dominación, imperante en gran parte de las degradadas democracias occidentales. La democracia no es una palabra sin contenido, aunque a los gobernantes se les llene la boca constantemente con ella. Ninguno de ellos es auténticamente demócrata, salvo de palabra, pues su auténtica ideología está en el pensamiento militarista, arcaico, autoritario y dominante; no nos equivoquemos, no podemos hacerlo, no podemos equivocarnos.

-¿La devastación de Yugoslavia ha supuesto algún avance para la humanidad?

-En absoluto. Estoy seguro que no. Todo lo contrario. El mundo es el mismo que antes del 31 de abril de 1999, si no es peor todavía. Ahora más que nunca, como le dije hace unos años, pero multiplicado por cinco, estamos rodeados de grandes arsenales de armas nucleares; no es la única ocasión en la que corremos el riesgo de un holocausto, puesto que ya pasó con la Guerra del Golfo; hoy estamos mucho más cerca de la explosión que terminaría con cualquier ser vivo que pueble la Tierra.

-Hace cinco años, en aquella entrevista, usted descartaba el vocablo Tercer Mundo, denominando a las zonas del conjunto como países pobres. Ahora le pregunto, ¿cómo deberían regirse las relaciones entre países ricos y países pobres?

-Deberíamos potenciar una auténtica solidaridad entre todos los pueblos del mundo, como la colaboración real de los países ricos con pueblos pobres. Colaboración solidaria que debe orientarse fundamentalmente hacia actuaciones de formación, educación y cultura, como no me cansaré de repetir, ayer, hoy y mañana. Recuerde que siempre digo lo mismo; ningún pueblo alfabeto es pobre, en todos los sentidos, y ningún pueblo rico es analfabeto. ¿Por qué dejar atrás el convencimiento de que la educación es el primer impulsor del progreso en las sociedades humanas?

-No se si se acuerda que una de las veces que hablamos me aseguró incesantemente que la democracia no representa los intereses de las minorías marginadas. ¿A qué crer usted que se debe ese estado degradante en el que estamos viviendo?

-En la medida que los países van desarrollándose y, parte de la gente, sobre todo de clases medias y altas, se siente cómoda y feliz, interioriza la sensación del olvidarse de quienes todavía están muy lejos de una vida digna. Es uno de los problemas de la deteriorada y manipulada democracia moderna. Cada día se nota con más claridad en Estados Unidos. Los dos partidos hegemónicos, sobre todo, recaban por igual que les vote la gente confortada, aquella que no está interesada en poner en marcha programas de ayuda social y que tampoco se preocupa del desastre que suponen los núcleos urbanos de grandes ciudades. Quienes padecen, siguen estando marginados de comicios y procesos electorales. Nadie les pide que voten y, en su legítimo escepticismo, pues claro que no votan. Porque las elecciones jamás les han resuelto sus problemas, ya se lo he dicho muchas veces, a pesar de tantas promesas electorales, que no pasan de ser mera propaganda puntual y descarnada e inmoral palabrería. ¡Demagogia! Pura demagogia. Aquellos marginados, la gran, inmensa mayoría, han aprendido que, pasando las elecciones, las promesas engrosarán el cesto de los papeles y ellos seguirán como antes, si no peor.

-¿No aseguró usted que es una contradicción que promuevan el consumo en falsos mensajes publicitarios, a través de la televisión, la radio y los periódicos, y sin embargo la mayoría no tenga recursos para acceder a lo que ofrecen? ¿No resulta preciso un radical proceso transformador?

-El proceso de transformación es absolutamente necesario y puede resultar hasta dramático. Por eso mismo insisto en que hay que ayudar solidariamente, pero no de manera interesada y brutal como hacen ahora, tratando de engañar al mundo con falacias, como es la falsa condonación de la Deuda Externa, en la que los intereses son diez veces superiores a la deuda condonada. En este punto, hay que decir que quienes han logrado cierta atenuación de la Deuda Externa son los activistas contra la globalización, globalización que sólo significa aceptar esas condiciones draconianas que imponen todas estas multinacionales a través de sus respectivas administraciones, utilizando el Fondo Monetario y el Banco Mundial, claro está, que son sus instrumentos de dominación económica. Pero no me refería a eso. Me estaba refiriendo a la colaboración internacional con los países y los pueblos pobres, como siempre proclamo; me refiero a la gran mayoría de los mercados mundiales, que teniendo tantos recursos, no pueden disponer de ellos. Es una paradoja muy conocida. Todos esos países, que tienen los mayores recursos naturales, son los más endeudados. Como todas las contradicciones, esa grave situación, tan explosiva tendrá su final. Digamos que podría ser un final no deseable, que hoy se aplaza por la infinita corrupción de los gobiernos locales, que no sólo colaboran en explotar a sus pueblos, sino que se benefician de esa misma situación que diseña el gran poder económico universal a través del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, por supuesto. Porque más importante que todo esto, que el G-7 impide sistemáticamente, lo que habría que hacer es potenciar su propio desarrollo, con sus propios recursos naturales, respetando sus características y formas de vida, y siempre contando con la solidaridad internacional. Pero sobre todo, dejándoles que sean ellos los detentadores de sus propias riquezas, para su desarrollo integral, el de su propia vida y la de futuras generaciones.

-¿Piensa que nuestras sociedades están preparadas para aceptar la fusión y la convivencia pacífica, por decirlo así, entre los países desarrollados y los países pobres?

-Ya lo he dicho muchas veces. Pero vuelvo a la carga, remarcando que todo ese proceso será doloroso, pero al mismo tiempo resulta urgente para los seres humanos. El neoliberalismo capitalista necesita cada día más mano de obra barata, obteniéndola de quienes sobreviven en situación miserable; es decir, en países pobres. ¿Cómo explicar el creciente flujo migratorio de millares de personas de continentes del sur, gente empobrecida, que proceden de países riquísimos, pero cuyos recursos están en manos de las multinacionales del norte? Pienso que a los análisis de las, aunque previstas, imparables migraciones actuales, les falta el componente histórico, quizás por la ausencia de la reparación que supone el hecho mismo de, incluso estando descolonizados políticamente sus países de origen, económicamente siguen siendo países muy, muy dependientes, donde los grandes recursos y las materias primas estratégicas, sobre todo éstas, están en poder de las multinacionales que controlan el Fondo Monetario y el Banco Mundial. Añada a esta situación el hecho objetivo de que faltan cuadros técnicos y faltan gestores, y además, no disponen de las infraestructuras elementales, puesto que las corporaciones financieras multinacionales hacen que los corruptos gobiernos locales, sobornados siempre, así lo dispongan. Son análisis crudos, sí, pero son hechos objetivos, aunque los pasemos por alto. Sin la complicidad de las oligarquías locales, los países del G-7 que controlan el Fondo Monetario y el Banco Mundial, pocas atrocidades podrían cometer.

-¿Sigue pensando, como hace cinco años, que avanzamos inevitablemente hacia un inevitable Nuevo Orden Mundial?

-No lo creo, pero si ocurriera, debería tenerse en cuenta que no puede cimentarse en la política del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, sino en un diseño político mucho más sólido, educativo y solidario, colaborando con todos los países pobres; porque sólo el desarrollo común puede ayudar a superar las desigualdades que originan conflictos como los que estamos padeciendo a nivel planetario.

-¿De nuevo le preguntaré, a la vista de los resultados, cuáles han sido para usted los hechos políticos y económicos más importantes del siglo anterior, el siglo XX?

-No tengo ninguna duda. Entre los hechos más importantes del pasado siglo, está el auge del moderno aparato productivo, junto al continuado ciclo de una inestabilidad, aunque con innegables retornos a subidas y bajadas; no son inconexas las grandes tragedias humanas de dos guerras mundiales, añadidas a los padecimientos y temores de las gentes, haciéndoles frente a la muerte y la pérdida de sus seres queridos. No existe hecho similar en la historia. Otro aspecto capital, que debe considerarse, es el del camino andado en la dirección del bienestar general, desgraciadamente relativo, especialmente en la segunda mitad de aquel siglo, en nutrición, cobertura social y ocio. El siglo pasado se inició con un mínimo grupo de ricos y una ingente, mayoritariamente extensa, masa de hambrientos. Aunque hoy, por desgracia, sigue en términos similares, ahora se está terminando, en los países afortunados, con una también relativa comunidad de vida confortable, apartándose de los pobres. Aún hay millones de personas que viven en el trágico y criminal umbral de la pobreza y la miseria. La diferencia entre ricos y pobres era mayor al final del siglo XX que a principios, sin duda alguna, que por desgracia tiene su continuidad en los albores de este siglo XXI.

-¿Para la economía social no es un problema el hecho de que las nuevas tecnologías reduzcan las posibilidades de trabajar, potenciando todavía más el ejército de parados crónicos que ya existe?

-Con un nivel de vida más alto, se produce un flujo de ocupación hacia mayores niveles de puestos de trabajo. Se mueve de emplear más gente en los escalafones más bajos de una fábrica, al emplearla en áreas de diseño, publicidad o trabajos suntuarios. Ha convertido la economía del ocio en una poderosa fuente de recursos. Pero, consideremos la otra cara. ¿Quiénes compiten con Estados Unidos en producir programas de televisión éticamente degrandantes y esterilizadores? Aún muchas personas de bien se preocupan de la fábrica y la producción de mercancías. No hemos de sorprendernos, sin embargo, cuando todos esos puestos de trabajo tienden a disminuir, mientras aumentan otras tipos de empleadores, complementándose con el hecho de que los ordenadores, la telemática y la robótica producen idénticos resultados en muchos trabajos industriales, como lo que supuso el tractor para las labores del caballo y la mula. Pero más importante que todo eso, es tener muy en cuenta que, con el nuevo diseño globalizador, están trasladando el empleo tradicional a los países donde encuentran a trabajadores por salarios muy bajos, salarios de miseria en donde el hambre hace estragos y la gente se agarra a lo que sea con el propósito de garantizar su vida y la manutención de su familia. Es una vergüenza para todo el género humano. Pero todo eso acabará más tarde o más temprano, sin duda alguna.

-George Williams Bush, el Fondo Monetario y el Banco Mundial dicen que eso es una verdadera revolución planetaria.

-Sí, sí, claro, es su revolución, la revolución de las multinacionales contra los pobres, es la respuesta de los contentos contra los desafortunados. Como le dije en su momento, Newt Gingrich fue el sacerdote de los privilegiados, aunque hace tiempo que cayó en desgracia. Pero siguiendo con lo que decía, los gobernantes actúan usurpando conceptos sociales con la coartada de la democracia. No nos engañemos; se trata de una democracia que no es de todas las personas, sino de los que la hacen suya para defender sus ventajas sociales y económicas. Todo el resultado está en un Gobierno poderoso, prepotente y adaptado, pero no adaptado a las realidades de todas las demandas y necesidades sociales, sino a creencias de los lobbies, que no son todos los que van a las urnas.

-¿Cree usted la socialización global de las riquezas sería la salida a la gran crisis mundial que hay, con una mayoría de la humanidad, más de cuatro mil millones de personas, sobreviviendo en los umbrales de la pobreza, el hambre, la miseria y la desesperación?

-El socialismo clásico preconiza la propiedad estatal de los medios de producción y la distribución equitativa de los recursos. Son sus objetivos, así como disminuir el poder financiero y, como consecuencia, el poder político en la Administración del Estado. Pero el poder, o los poderes si usted quiere, ya no está tan concentrado en las manos de unos cuantos barones, ladrones y capitalistas. La edad de los Drake, James de Rothschild, W. Morgan y el filibusterismo financiero no ha pasado del todo, pero ya no es igual que a finales del siglo XIX y mediados del XX. Mientras las mejoras en el bienestar social estén presentes, aunque sólo sea en los planes de futuro, la noción del socialismo clásico no parece una opción muy cercana. Aunque todo puede ocurrir. Ahora bien, sin embargo, la tendencia socializadora es cada vez más urgente; a principios del siglo XXI, resulta más urgente que nunca.

-Volvamos a Génova, a la reunión del G-8, o como usted prefiere llamarlo, el G-7 más Rusia. ¿La globalización significa algún progreso social, político y cultural para los pueblos del mundo?

-En primer lugar, déjeme aclarar un enunciado económico, aunque la grandielocuencia de las siglas trate de encubrirlo. Los gobiernos y las administraciones del G-7 son los que deciden, en definitiva, qué es lo que debe hacer el resto del mundo. Pero los grandes peligros están en las guerras que aquellos países no pueden controlar. Cuando los miembros del G-7 inician una guerra, como en Irak y en Yugoslavia, sin olvidar la de Irán contra Irak, Paquistán contra India y casi todas las de finales del pasado siglo XX entre países africanos, es por razones, mejor llamarlo sinrazones, de tipo geoestratégico económico. Esas guerras no pueden hacerlas sin contar con la oligarquía y el poder de Rusia. Por eso digo que, aunque el G-7 es el que dicta y diseña los planes económicos de casi todo el mercado mundial, llamémosle occidental, no pueden dejar de contar con el papel decisivo que juega Rusia, sobre todo en el terreno militar-nuclear. Por eso digo y hablo del G-7 más Rusia. Aún así, no pueden uniformar el mundo, y aunque se aplacen las crisis, la globalización es una auténtica bomba de relojería, no le quepa duda alguna.

-¿Cuál es su opinión del movimiento antiglobalizador? ¿Está usted de acuerdo con lo que dice Susan George sobre el "control" del movimiento para "aislar" a los que ella denomina focos violentos

-En absoluto. El movimiento antiglobalizador, mejor diría movimiento imparable contra la globalización del libre mercado, tienen su propia e inusitada dinámica, que es lo que importa; la gente, muchos pueblos, cada día en mareas más crecientes, están cargados de legítima rabia, y eso ocurre y seguirá ocurriendo. ¿Acaso piensa usted que el crimen de Génova, en el que murió aquel muchacho lleno de vida, Carlo Giuliani creo que se llamaba, no estaba en el diseño del G-7 y de la seguridad policial de la Cumbre? ¡Pues claro que sí estaba! Fue Carlo Giuliani, pero pudieron morir seis o siete o diez, y hubiese sido igual. ¿Qué les importa? Susan George es una persona muy comprometida, sin duda alguna, pero algunas de sus consideraciones están plagadas de moralismo utópico y, por lo tanto, bastante desafortunado.

Al descalificar las actuaciones de muchos activistas contra la globalización que pretende el G-7, a los que llama desaforados y ultraminoritarios, no ha tenido en cuenta que el movimiento antiglobalizador tiene la suerte de estar caracterizado por su diversidad y muchas corrientes de opinión, y que sus métodos son diferentes. George debe tener eso en cuenta siempre, aunque sus buenas intenciones son muy plausibles. El movimiento antiglobalización está muy pujante y acontecimientos luctuosos y violentos como los de Génova o Gotemburgo son más que previsibles. Por eso yo le diría que el movimiento contra la globalización del G-7 no está en peligro. Todo lo contrario, pues tiene más potencia que nunca. Como dije antes, hoy por hoy constituye una de las grandes esperanzas que tiene la gran mayoría de la Humanidad.

 

 

 
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