Entrevista a Francisco Ayala
por Miguel Ángel Trenas

      

 

La Vangurdia 17.03.2006.

El escritor granadino Francisco Ayala cumplió ayer cien años en un día en el que se le rindieron multitudinarios homenajes de Estado (y le fue concedida la Gran Cruz de Isabel la Católica) y familiares. El escritor habló extensamente con La Vanguardia de su obra y de su vida.

- ¿Cien años son demasiados?

- Uno va haciendo su vida como puede. Llegar a los cien años es raro e infrecuente. Mientras uno pueda todavía desenvolverse con alguna facilidad, venciendo las dificultades y las limitaciones, vale la pena.

- ¿Ha visto demasiadas atrocidades?

- Las atrocidades están en todas partes y en todos los tiempos. La historia de España en este siglo que he vivido ha sido bastante agitada, bastante dura a veces.

- ¿Cómo ve el presente?

- La edad me ha colocado frente a una pared, ya no hay puertas ni ventanas, no tengo vida por delante, no tengo posibilidades de futuro, es natural que no haga planes de ninguna clase, ni personales ni de perspectivas intelectuales. ¿Qué sé yo lo que va a ser el futuro? Estoy en el presente, pero el presente es esta duda, esta especie de indeterminación de la situación actual donde todo está en cuestión.

- ¿Qué le ha dejado de interesar?

- Me ha interesado la vida en general, el espectáculo del mundo. Después de todo, un escritor, lo que tiene que hacer es mirar, tratar de entender y expresar su concepción y su visión de la realidad lo mejor que pueda. Es lo que yo he tratado de hacer a lo largo de toda mi vida. He sido básica y fundamentalmente un escritor. Entiéndase por escritor una persona que tiene la tendencia a expresar sus sentimientos y sus pensamientos públicamente y darles forma por escrito.

- Ha sido un escritor de creación y de ideas.

- Son dos sectores diferentes de la actividad literaria. La expresión de ideas es el aspecto intelectual; el otro, la creación artística. Dos cosas separadas, pero básicamente coincidentes en la actividad de escribir. Yo he participado de las dos alternativamente y de modo conjunto. En un caso ha primado el criterio estético y, en el otro, las especulaciones de tipo filosófico en diferentes ramas del pensamiento o posiciones prácticas relacionadas con problemas del momento. Uno está dentro de su época, condicionado por las circustancias históricas y, por tanto, no es una actividad en el vacío, sino dentro de una realidad muy efectiva, muy condicionante. Por otro lado, existe la percepción estética con la cual el que tiene la suerte de saberle dar forma literaria crea poesía.

Las dos actividades están ligadas por el hecho de que tienen su instrumento en el lenguaje, que lo mismo se utiliza para escribir un poema como para la expresión de ideas, para la especulación intelectual que trata de orientarse en el misterio del universo, un empeño imposible, pero por otro lado ineludible si quiere uno saber quién es y tratar de descifrar el misterio de la vida, aunque sepa que nunca va a conseguirlo. Una tarea de Sísifo.

- ¿Qué actividad resulta más eficaz?

- Por lo pronto, la poesía resulta satisfactoria para el que la practica, entiendo muy bien la actividad del poeta secreto, del poeta que no publica su poesía, que simplemente escribe. Tampoco tiene sentido que el hombre que quiere operar sobre la realidad de un modo u otro no publique. La estética es personal, el resto de la actividad literaria es comunicación, más o menos directa, intensa o abstracta, pero comunicación.

- ¿Y qué me dice del compromiso?

- El compromiso nace de una situación concreta. En mi caso, el valor que más me interesa es el de la justicia; por eso, en el orden político he sido liberal, entendiendo por liberal una actitud personal fundamental, no una ideología concreta, porque el liberalismo como ideología ha tenido sus instituciones, pero son perecederas, no el sentimiento que las inspira, que es el sentimiento de la libertad.

- ¿Cree que la libertad sigue amenazada?

- La libertad es una demanda individual, cada uno tiene que tener el clamor de la libertad. Hay quien lo siente más intensamente y quien menos. Todo ser humano quiere ser libre y al mismo tiempo se debate con la dificultad que presenta la realidad en la que vive.

- ¿La técnica es lo que más progresa?

- Progresa, pero tiene unos efectos que pueden ser positivos y negativos, según da un mayor alcance a la actividad humana, pero depende de cómo se aplique. Hay que tener una prevención ética, sin olvidar el sentido mismo de la supervivencia, porque algunos de los progresos técnicos que se están produciendo amenazan al planeta, están produciendo cambios sustanciales en la realidad telúrica.

- Usted ha conocido a los grandes protagonistas del siglo XX. ¿Hay alguno que le haya marcado especialmente?

- Todos, cada cual a su manera, influimos en los demás. Los grandes creadores marcan su impronta de un modo más o menos efectivo. Hay personas que tienen la suerte de poder mencionar a sus maestros, pero yo no, admiro y he admirado a muchísimas personas pero no me siento el resultado de otra persona, sino que he actuado siempre sobre mis propios pies y por mí mismo reconociendo el valor y admirando la obra de los demás.

- ¿Qué le gustaría más, que se le reconociera por su obra o por su vida?

- Esto es ya hacerse ilusiones sobre el futuro, y no tengo la vanidad de creer que van a estar acordándose de mí ni como escritor de obras de imaginación ni tampoco como pensador. El recuerdo personal lo estimo mucho en quienes me han conocido y me quieren, pero son muy pocas esas personas y se van a morir también, de modo que no hay mucho porvenir por ahí.

- ¿Qué nota le pondría al siglo XX?

- Todos los siglos tienen lo suyo, de malo y de bueno, y el siglo XX se ha distinguido por el progreso técnico. La tecnología ha sido fundamental en su fisonomía. Es este desarrollo singular el que caracteriza al siglo XX.

- ¿Qué autores le siguen interesando?

- Los que conocemos como grandes autores y que todo el mundo sabe quiénes son. Yo he leído a Cervantes desde niño y lo sigo leyendo de viejo y siempre recibo una impresión fresca, me parece que es nuevo todo lo que leo. Algo que no sólo me pasa con Cervantes, sino que yo, como lector, me coloco frente al libro no como una cosa sólida e inmóvil, sino como algo viviente, y el libro entonces cada vez que se lee es otro libro distinto.

- ¿Qué opina de la desaparición progresiva de las humanidades en los programas educativos?

- Es terrible, me parece desastroso, pero no vamos a hablar de pedagogía, porque habría que despotricar y no vale la pena. Todo está en relación con el desarrollo social en general y cuando hablo del desarrollo no quiero decir el progreso sino el cambio.

- El poder ha sido un tema constante en su obra.

- El poder es una fatalidad, pero es absolutamente necesario y al mismo tiempo terrible. Es una usurpación del otro, una usurpación indispensable, que no es la del que manda sobre el que obedece, sino que se da en todo el mundo. Todos nos usurpamos mutuamente, todo lo que es vida en sociedad implica una usurpación. Hay que aceptarlo, es así.

- ¿Qué distancia a un Azaña de los políticos actuales?

- Azaña fue una figura trágica que presenta un perfil muy singular, a veces de genialidad, y que en todo caso tiene un interés histórico. La política actual es consecuencia de un desarrollo histórico iniciado en los años cuarenta con el derrumbe de los estados nacionales. Los políticos de hoy están en un terreno muy respetable, pero que no tiene la trascendencia que tuvieron los del pasado. Es una actividad que no tiene la importancia que ha tenido en otro tiempo. No sé si es mejor o peor, lo que sí sé es que la gente no se apasiona como se apasionan los políticos unos frente a otros, se les mira con bastante indiferencia y a veces con cansancio, porque se trata de enfrentamientos triviales, pero no por ello son menos dañinos.

- La globalización es otro tema presente en su obra.

- En la realidad que vivimos las cosas hay que mirarlas de otra manera. Desde otra perspectiva. Ya no existen sectores separados. La humanidad es una sola. El mercado es la necesidad, lo básico, y el mercado tiene que ser universal. Otras actividades están reducidas a grupos o a especialistas, el mercado afecta a todos.

- ¿Qué le parece la idea de una alianza de civilizaciones?

- Eso yo nunca lo he entendido, no sé lo que quiere decir ni he encontrado a nadie que me lo explique. No veo cómo puede aliarse el concepto de civilización. Cuando se habla de alianzas se habla de sujetos activos y no sé quién es el sujeto aquí. Me esfuerzo en entenderlo y creo que debe ser una torpeza mía no conseguirlo, aunque para no acabar pensando que soy definitivamente tonto pienso también que las palabras vacías le gustan a la gente y las toma y las repite.

- ¿La unidad de España peligra?

- Creo que todo lo que sean las estructuras políticas está en un momento de cambio, todo se está transformando, desde luego en un sentido de globalidad, de totalidad. Pero lo que vaya a pasar con lo que ha sido una nación, España o Francia, eso no lo sé, depende de la resistencia que se le oponga.

- Está el idioma español.

- Es uno de los factores. Catalunya, el País Vasco... Ahora está la nación de Cuenca, la de Getafe si usted quiere.

- ¿Qué piensa del nacionalismo?

- Pertenece al pasado. Los nacionalismos son un concepto que ha tenido vigencia, pero creo que la ha perdido. Una vigencia que fue bastante efímera.

- ¿Cómo afronta la conmemoración de su centenario?

- Con agradecimiento y con cansancio. Lo hago con gusto, pero es un esfuerzo muy grande. Afortunadamente sólo soy un protagonista pasivo.

 

 

 
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