Entrevista a Fidel Castro
por Federico Mayor Zaragoza

      

 

22 de Junio del 2000.

 

Introducción para el lector

A principios de este mes de junio, una revista francesa publicó en forma de síntesis notas tomadas por el señor Federico Mayor Zaragoza, quien fuera hasta hace poco Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), sobre una conversación sostenida el día 28 de enero del presente año con el Comandante en Jefe Fidel Castro, en ocasión de su visita a Cuba con motivo del segundo Encuentro Internacional de Economistas, efectuado en La Habana entre el 24 y el 28 de ese mes.

Días antes del primero de junio, Federico Mayor había enviado copia de dicha síntesis, así como un amplio cuestionario para una entrevista sobre temas similares que deseaba publicar en otro medio de divulgación. Pero lo que ocurrió es que, aun antes de la publicación de la mencionada síntesis, algunos despachos cablegráficos divulgaron con determinadas frases fuera de contexto e interpretaciones erróneas, las notas entregadas por él.

Poco después, la publicación precipitada e incompleta de aquella síntesis, sujeta a interpretaciones erróneas, en pleno mes de junio, cuando nuestro país estaba envuelto como lo está todavía en una intensa actividad, asociada a la lucha contra el criminal secuestro del niño cubano Elián González, obligó al compañero Fidel a buscar el tiempo mínimo indispensable para responder con toda precisión, una por una, las 33 preguntas enviadas por Federico Mayor, material que le fue remitido de inmediato hace 10 días.

Este expresó su idea de utilizar la entrevista completa en un libro que publicará a finales de este año. Tomando en cuenta que muchas de las cuestiones abordadas en las preguntas y, por tanto, también en las respuestas, están relacionadas con temas de actualidad, y no tendrían particular interés dentro de algunos meses, el compañero Fidel decidió publicar en Granma el texto completo de sus respuestas, lo cual comunicó previamente a su respetado y distinguido amigo, el ex director general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza.

A continuación, las preguntas y las respuestas [nota de Granma].

Federico Mayor. Con China, Viet Nam y Corea del Norte, Cuba es considerada como el último bastión del socialismo. Pero, diez años después de la caída del muro de Berlín, ¿la palabra «socialismo» acaso tiene sentido todavía?

Fidel Castro. Hoy estoy más convencido que nunca de que tiene gran sentido.

Lo que ocurrió hace 10 años fue la destrucción ingenua e inconsciente de un gran proceso social e histórico que debió ser perfeccionado, pero nunca destruido. Eso no lo habían podido realizar las hordas de Hitler ni siquiera matando a más de veinte millones de soviéticos y arrasando la mitad del país. El mundo quedó bajo la égida de una única superpotencia que, en la lucha contra el fascismo, no aportó ni siquiera el 5 por ciento de los sacrificios que hicieron los soviéticos.

En Cuba tenemos un país unido y un Partido que guía pero no postula ni elige. Los vecinos, reunidos en asambleas abiertas, proponen, postulan y eligen a los delegados de 14.686 circunscripciones, que son la base de nuestro sistema electoral. Ellos constituyen las asambleas de sus respectivos municipios y postulan a los candidatos a las asambleas provinciales y nacional, máximos órganos de poder del Estado en esos niveles, los cuales deben ser electos en votación secreta por más del 50 por ciento de los votos válidos en sus correspondientes jurisdicciones.

Sin ser obligatorio, en esas elecciones participan más del 95 por ciento de los electores. Muchos en el mundo no se han tomado ni siquiera la molestia de informarse sobre esa realidad.

En Estados Unidos, que habla tanto de pluripartidismo, existen dos partidos tan exactamente iguales en métodos, objetivos y propósitos, que en la práctica han llegado a crear el más completo sistema monopartidista que existe en el mundo. En ese «democrático país», el 50 por ciento de los ciudadanos no vota, y suele ganar con sólo un 25 por ciento de los electores el equipo que más fondos recaude. Toda la política se reduce a querellas, vanidades y ambiciones personales o de grupos de intereses dentro del modelo económico y social establecido. No existe alternativa alguna de cambio de sistema. En los pequeños países anglófonos del Caribe, apenas surgidos a la independencia, funciona un sistema de carácter parlamentario más eficiente, y mientras el equipo gobernante mantenga el consenso conserva el poder. Es mucho más estable que el régimen presidencialista impuesto al resto de América Latina copiando el modelo de Estados Unidos. En casi dos siglos no ha cambiado nada.

Bajo el capitalismo, incluidos los países más industrializados, gobiernan en la realidad las grandes empresas nacionales e internacionales. Ellas deciden la inversión y el desarrollo. Son responsables de la producción material, los servicios económicos esenciales y gran parte de los servicios sociales. El Estado simplemente cobra impuestos, los distribuye y los gasta. En muchos de ellos el gobierno entero puede irse de vacaciones sin que nadie se entere.

El sistema capitalista desarrollado, que derivó más tarde en el moderno imperialismo, ha impuesto finalmente un orden neoliberal y globalizado que es sencillamente insostenible. Ha creado un mundo de especulación, de formación ficticia de riquezas y valores que no tienen nada que ver con la producción real, y fortunas personales fabulosas, algunas de las cuales superan el Producto Interno Bruto de decenas de países pobres. Sería innecesario añadir el saqueo y despilfarro de los recursos naturales del mundo y la vida miserable de miles de millones de personas. Nada promete a la humanidad y para nada sirve como no sea su autodestrucción y destruir tal vez con él las condiciones naturales que sirven de sostén a la vida del hombre en el planeta.

No ha llegado el fin de la historia como algunos eufóricos ilusos imaginaron. Ahora es realmente cuando quizás comience.

F.M. Cuarenta y un años después de la Revolución, y a pesar de todas las dificultades a las que se ha tenido que enfrentar, el régimen que usted ha establecido ha resistido. ¿A qué se puede atribuir esa longevidad?

F.C. A la lucha y el trabajo sin descanso junto al pueblo y para el pueblo. Aferrarse a las convicciones; ser consecuente; creer en el hombre; ser esclavos y no amos del país; construir sobre principios sólidos; crear, buscar soluciones aun en condiciones aparentemente imposibles e irreales; garantizar la honradez total de los que ocupan las más altas responsabilidades políticas y administrativas; convertir la política en un sacerdocio. Esa puede ser en parte la respuesta a su pregunta, sin entrar a considerar otros muchos factores peculiares de nuestro país y nuestra época histórica.

Ciertamente, todo el mundo pensaba que Cuba no podría resistir después del derrumbe del campo socialista y de la URSS. Cabría preguntarse adicionalmente cómo fue posible con un doble bloqueo y la guerra económica y política que nos impuso la potencia más poderosa que ha existido jamás, sin Fondo Monetario Internacional, sin Banco Mundial, sin créditos. Logramos, sin embargo, realizar la proeza. En una reunión cumbre celebrada hace poco en La Habana, les expresé con cierta ironía a nuestros invitados que había sido posible porque tuvimos el privilegio de no pertenecer al FMI.

Hubo tiempos en que nadábamos en un mar de circulación monetaria; nuestra moneda se devaluó extraordinariamente, el déficit presupuestario alcanzó hasta el 35 por ciento del Producto Interno Bruto. Observé visitantes inteligentes asombrarse casi hasta el desmayo. Nuestro peso, la moneda nacional, vio reducido su valor en 1994 a 150 por un dólar. A pesar de esto, no cerramos un solo centro de salud, una sola escuela o círculo infantil, una sola universidad, un solo centro deportivo; nadie fue lanzado a la calle sin empleo ni protección social, aun cuando faltaban combustible y materias primas; no hubo la menor traza de las habituales y odiosas políticas de choque tan recomendadas por las instituciones financieras de Occidente.

Cada medida adoptada para enfrentar el terrible golpe fue discutida no sólo en la Asamblea Nacional, sino también en cientos de miles de asambleas que tenían lugar en fábricas, centros de producción y servicios, sindicatos, universidades, escuelas de nivel medio y en todas las organizaciones de campesinos, mujeres, vecinos y otras de carácter social. Lo poco de que disponíamos se distribuyó con el máximo de equidad posible. Derrotamos el pesimismo dentro y fuera del país.

En esos años críticos, se duplicó el número de médicos, mejoró la calidad de nuestra enseñanza, el peso cubano se revalorizó siete veces, de 150 por un dólar a 20 por uno, entre 1994 y 1998, manteniéndose desde entonces sostenidamente estable. No escapó al exterior un solo dólar. Se adquirió experiencia y eficiencia a la altura del reto inmenso que teníamos delante. Aunque no hemos llegado todavía a los niveles de producción y consumo que teníamos al producirse el desastre socialista en Europa, nos hemos ido recuperando con paso firme y visible; los índices de educación, salud, seguridad social y otros muchos aspectos sociales, que eran orgullo del país, los hemos mantenido, e incluso algunos han sido superados.

El gran héroe de esta proeza fue el pueblo, que aportó sus grandes sacrificios y su inmensa confianza. Era fruto de la justicia y de las ideas sembradas durante más de 30 años de Revolución. Este verdadero milagro habría sido imposible sin la unidad y sin el socialismo.

F.M. Teniendo en cuenta el vasto movimiento de globalización que toma forma a escala mundial, ¿acaso no sería conveniente abrir más ampliamente la economía cubana al resto del mundo?

F.C. Hemos abierto la economía en la medida de lo posible y lo necesario. No hemos cometido las locuras e insensateces que tuvieron lugar en otras partes que recibían, cual si fuesen profetas bíblicos, los consejos de expertos europeos y norteamericanos. No nos invadió la locura de las privatizaciones, mucho menos la de confiscar los bienes del Estado para apoderarnos de ellos o regalarlos a familiares o amigos. Esto ocurrió, como se sabe, tanto en países ex socialistas como en otros que no lo eran, bajo el manto piadoso, tolerante y cómplice de la filosofía neoliberal que se convirtió en una pandemia universal. Occidente lo sabe muy bien y dónde están los depósitos del dinero y cuál fue el destino de los fondos malversados o robados, pero nadie dijo una palabra.

No hemos intentado cometer la estupidez de adaptar Cuba al caótico mundo actual y su filosofía; lo que hicimos fue adaptar sus realidades a las nuestras, mientras luchamos junto a otros muchos países del llamado Tercer Mundo por nuestro derecho al desarrollo y la supervivencia. Tal vez los antiguos colonizados ayudemos por ello a la minoría de países super ricos, casi todos antiguas metrópolis, a salvarse también ellos mismos.

F.M. Nadie cuestiona las realizaciones sociales y culturales de Cuba. Pero, regresando a mi pregunta anterior, ¿no podrían esas realizaciones ser favorecidas por un incremento de los intercambios con el mundo exterior?

F.C. Es cierto que, como tú dices, hemos alcanzado importantes avances sociales difíciles de negar: No hay niños sin escuelas ni analfabetos. El desarrollo de nuestras universidades es notable. Contamos con numerosos centros de investigación que realizan un trabajo de gran calidad e importancia. Cada niño recibe 13 vacunas, casi todas producidas en el país, al igual que la mayor parte de los medicamentos que consumimos. A la vez, estamos enviando gratuitamente miles de médicos a prestar servicios en zonas apartadas y pobres de América Latina, el Caribe y África, para llevar a cabo planes integrales de salud. Ello es posible porque disponemos de un abundante capital humano. Hemos invitado a los países más desarrollados a cooperar con el envío de medicamentos. Estamos concediendo igualmente miles de becas a jóvenes del Tercer Mundo para estudiar Medicina y otras especialidades universitarias. En cada país de África que participa en los planes integrales de salud, ayudamos a crear facultades donde puedan formarse algún día los cientos de miles de médicos que necesitan.

Nadie se imagina cuánto puede hacer un pequeño país del Tercer Mundo con muy pocos recursos cuando existe un verdadero espíritu de solidaridad. Respondiendo a tu pregunta, sin duda este esfuerzo que realiza nuestro país se vería ampliamente favorecido con un incremento del intercambio con el mundo exterior, tanto en beneficio de nuestra Patria como de otras naciones.

F.M. La desaparición de la URSS privó súbitamente a Cuba de una ayuda preciosa. Al mantener su embargo pese al fin de la confrontación Este-Oeste, ¿cuál era, según usted, el cálculo de los norteamericanos? ¿Esperaban influir en su forma de gobernar?

F.C. No intentaban influir en la Revolución sino destruirla. Al igual que en el Senado de la antigua Roma cuando en los días de Aníbal se proclamaba la destrucción de Cartago, la consigna obsesiva de los gobiernos de Estados Unidos era: Cuba debe ser destruida.

La desaparición de la Unión Soviética y el derrumbe del campo socialista europeo no nos tomó totalmente de sorpresa. Incluso advertimos mucho antes a nuestro pueblo de esa posibilidad. Con los errores estúpidos que estaban cometiendo y las concesiones vergonzosas que continuamente hacían al adversario histórico, veíamos venir los acontecimientos.

En el terreno económico, el daño para Cuba fue terrible. Nuestra azúcar no recibía el precio correspondiente al basurero del mercado mundial. Habíamos logrado uno de carácter preferencial como el que Estados Unidos y Europa aplicaban a las importaciones de ese producto. Los suministros de combustibles, alimentos, las más variadas materias primas y componentes de máquinas y fábricas cesaron casi abruptamente. El consumo diario de calorías se redujo de 3.000 a 1.900 y el de proteínas, de 80 a 50 gramos. Hubo quienes flaquearon, pero la inmensa mayoría enfrentó las dificultades con valor, honor y decisión impresionantes.

Como ya dije, importantes índices lograron mantenerse, e incluso algunos mejoraron. La mortalidad infantil fue reducida en un 40% en ese período y 30.000 nuevos médicos con excelente nivel de preparación se incorporaron a las comunidades. En la esfera deportiva, nuestros atletas continuaron ocupando un lugar honorable entre los primeros del mundo y el más alto índice de medallas de oro per cápita en las Olimpiadas, a pesar de la enorme presión con que Estados Unidos y otros países ricos tratan de comprar científicos, profesionales destacados y atletas cubanos.

F.M. Lo que no quiere decir que el mantenimiento del embargo representa una prueba adicional fácil de superar por el pueblo cubano.

F.C. Por supuesto, el bloqueo es una carga penosa para cada uno de los cubanos. Los países del Tercer Mundo, así como la casi totalidad de los países miembros de las Naciones Unidas, han demandado reiteradamente que cese el bloqueo; pero el Congreso norteamericano, con la cooperación de muchos miembros de la mayoría republicana, encabezada en este caso por los señores Helms y Burton, e incluso con el apoyo de varios miembros del Partido Demócrata como Torricelli y otros, se han opuesto al levantamiento de un bloqueo que se ha convertido ya en el más largo de la historia.

F.M. Los Estados Unidos no son los únicos que les imponen todo tipo de condiciones. La Unión Europea también ha tratado de introducir una «cláusula democrática» en las relaciones comerciales europeo-cubanas. ¿Qué piensa usted de ese proceder?

F.C. Es significativo que la Unión Europea se muestre mucho menos «preocupada» con otros países, sin duda porque representan un interés económico mayor que el que podemos significar nosotros. En todo caso, no son admisibles condiciones de ningún tipo cuando se trata de principios inalienables de nuestra Patria. La forma de organización política de una nación soberana no puede ser sometida a condiciones. Cuba no negocia ni vende su Revolución, que ha costado la sangre y el sacrificio de muchos de sus hijos.

Por otra parte, todo depende de lo que se entienda por «cláusula democrática». ¿Cuántos Estados llamados «democráticos» están endeudados hasta el cuello? ¿Cuántos de ellos permiten que hasta el 30 por ciento de su población viva en condiciones de extrema pobreza? ¿Por qué países que tienen decenas de miles de niños en las calles e incontables analfabetos han de ser tratados mejor que nosotros? No vemos por qué. Cuba no aceptará jamás condiciones políticas de la Unión Europea y menos aún de Estados Unidos. Es mejor que esto se acabe de comprender.

Nosotros no discutimos si en Europa hay monarquías o repúblicas, conservadores o socialdemócratas en el poder, defensores o adversarios de una idílica tercera vía; giros hacia la izquierda, el centro o la derecha; apologistas o detractores del llamado «estado de bienestar» con el que se intenta paliar el incurable mal del desempleo. Ni siquiera estamos en la obligación de mezclarnos con lo que hacen los cabezas rapadas de las tendencias neonazis que resurgen. Aunque tenemos opiniones sobre estos y otros muchos temas, no podemos introducir cláusulas revolucionarias en nuestras relaciones con Europa. Albergamos la esperanza de que los europeos se las arreglen por sí mismos.

F.M. Desde el macartismo, Washington tiene la tendencia a considerar que los únicos regímenes que son dañinos y que deben ser eliminados son los regímenes comunistas. Pero la Casa Blanca ha tolerado sin pestañear a los Somoza, los Trujillo, Duvalier y otros. ¿Qué reflexión le inspira esta visión del mundo a dos velocidades?

F.C. Más vale que no profundice en la hipocresía y las indecencias de esa política. Necesitaría muchas horas y largas referencias históricas. A la industria de la mentira se le agotará un día el mercado, se le está agotando ya. Si usted profundiza realmente en la verdad, se dará cuenta de que la concepción política del imperialismo, al igual que el orden económico y la globalización neoliberal impuestos al mundo, están huérfanos e indefensos en el terreno de las ideas y de la ética. Es en ese campo donde se decidirá la lucha principal de nuestro tiempo. Y el resultado final de esa batalla, sin alternativa posible, estará del lado de la verdad y por tanto del lado de la humanidad.

F.M. ¿Sigue usted de cerca el proceso electoral norteamericano?

F.C. Por supuesto, no sólo de la campaña presidencial, sino que incluso me entretengo observando otros aspectos de la gran comedia. Para citar un ejemplo: la lucha para el escaño en el Senado de Nueva York. En lo que respecta a Hillary Clinton, recordaba la ocasión en que tanto brilló defendiendo ante el Congreso un programa social en favor de los servicios médicos que hoy son inaccesibles para millones de norteamericanos pobres.

La escuché también con interés cuando habló ante la Organización Mundial de la Salud en Ginebra. Fue franca, persuasiva y al parecer honesta. Se comportó con gran dignidad cuando la familia se vio envuelta en una dura y dolorosa crisis. Pero a veces sus asesores no la aconsejan bien, como en el caso de los puertorriqueños liberados por el gobierno de Clinton tras una larga, cruel y despiadada prisión, mostrándose públicamente hostil a esa reducción de sanciones. Puedo añadir, además, que hace muy poco tiempo, en el caso del niño cubano secuestrado Elián González, adoptó una posición equivocada y poco ética al proclamar que el padre del niño debía desertar, una grave y gratuita ofensa a un patriota honrado, en lo que coincidía no sólo en contenido sino también en fecha casi exacta con el candidato republicano a la Presidencia.

En fin, cuando personas al parecer honestas se ven envueltas en la vorágine de la política electoralista de Estados Unidos, corren el riesgo de perder prestigio y reconocimiento.

F.M. ¿Hasta dónde puede llegar el proceso de privatización en Cuba? En cuanto a la «dolarización» de la economía, ¿no es una afrenta infligida a la vez al socialismo y a la soberanía monetaria del país?

F.C. Ya te dije que las privatizaciones deben realizarse con mucho sentido común y sabiduría, sin ningún género de locuras. Hay que distinguir muy bien el trabajo que por naturaleza es eminentemente individual y muchas veces manual y artesanal, en el cual la producción a escala y la tecnología no ejercen papel fundamental, y aquel donde las inversiones requieren capital, tecnología y mercados, en las que puede ser altamente conveniente la asociación con empresas extranjeras. Los posibles yacimientos petrolíferos en los 110 mil kilómetros cuadrados correspondientes a Cuba en el Golfo de México no podrían ser explorados ni explotados por nuestro país sin las tecnologías y capitales procedentes del exterior.

Por otra parte, dentro del país, en la obtención de las más altas calidades y rendimientos en cultivos como el tabaco especial —trabajo de consagrados y casi fanáticos amantes de ese cultivo que debe ser manual y en pequeñas parcelas—, no hay máquinas ni grandes empresas que puedan sustituir el trabajo del hombre individual. A los que poseen esas cualidades, se les entrega gratuitamente la tierra necesaria para que la cultiven por su propia cuenta. Sería absurdo, en cambio, hacer esto con grandes plantaciones de caña de azúcar altamente mecanizadas.

Hay en la agricultura cubana muy variadas formas de propiedad: individuales, cooperativas de diversos tipos, con mecanismos de cooperación, acopio y comercialización de los productos, e incluso empresas estatales especializadas que hemos desarrollado con éxito en nuestro país.

Existen igualmente, en las más variadas ramas de la economía, asociaciones de producción y comercialización con empresas extranjeras que funcionan perfectamente bien.

No hay que simplificar en el tema de las privatizaciones. Como principio general, en Cuba nada que sea conveniente y posible mantener como propiedad de todo el pueblo o de un colectivo de trabajadores será privatizado.

Nuestra ideología y nuestra preferencia es socialista, nada afín al egoísmo, los privilegios y las desigualdades de la sociedad capitalista. En nuestra Patria nada pasará a poder de un alto funcionario, y nada se regalará a cómplices y amigos. Nada que pueda ser explotado con eficiencia y elevado rendimiento para nuestra sociedad pasará a manos de nacionales o extranjeros. A la vez te puedo asegurar que ninguna inversión está más garantizada en el mundo que aquellas que, protegidas por las leyes y el honor del país, han sido autorizadas en Cuba.

Sobre la referencia que hiciste con relación a la dolarización de la economía, debo responderte dos cosas: Primero, la economía mundial está actualmente dolarizada. Después de Bretton Woods, Estados Unidos adquirió el privilegio de emitir la moneda de reserva de la economía mundial. Segundo, en Cuba existe una moneda nacional que en nada está regida por el Fondo Monetario Internacional. Tiene en su haber, como conté ya, la hazaña de haberse revalorizado siete veces en tiempo récord. No existe la fuga de capitales. Ha surgido además el peso convertible a la par con el dólar, y la libre circulación de éste fue simplemente una necesidad imprescindible, pero jamás fruto de una concepción económica. En el futuro pienso que nunca será necesario volver a prohibir la tenencia de dólares u otras divisas extranjeras, pero su libre circulación en el pago de muchos productos y servicios sólo será por el tiempo que los intereses de la Revolución lo consideren conveniente. Estamos por tanto en condiciones de no preocuparnos en lo absoluto por la famosa frase dolarización de la economía. Sabemos perfectamente bien lo que estamos haciendo.

F.M. Fidel, en 1997, en La Habana, usted me dijo en público: «Federico, hoy ya no tenemos necesidad de revoluciones. En lo adelante, la lucha consiste en compartir mejor. Nuestro objetivo no es ya la lucha de clases, sino el acercamiento de las clases en el marco de una coexistencia justa y pacífica.» Tres años más tarde, ¿sigue pensando de la misma forma?

F.C. No estoy seguro de haberme expresado alguna vez exactamente así. Tal vez pueda haberse producido alguna confusión de lenguaje o interpretación, porque algunos de esos puntos están bastante lejos de mis ideas.

Hace poco asistí en La Habana a un encuentro internacional de economistas en el que participaron representantes de países arruinados cuyo servicio de la deuda asciende a más del 40 por ciento del presupuesto, una deuda adquirida «muy democráticamente» por gobiernos anteriores y también actuales. Se observa un gran sentimiento de impotencia ante los desafíos de una globalización que se plantea como inevitable, pero que está hasta ahora marcada por el signo funesto del neoliberalismo. En ese encuentro, los representantes del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco Mundial defendieron sus puntos de vista con entera libertad, pero las conclusiones fueron muy claras para muchos de los presentes sobre el carácter insostenible del orden económico imperante.

No podemos seguir marchando por el camino que aleja cada día más a los países pobres de los ricos, y que en el interior de todos ellos genera desigualdades sociales cada vez más graves. En lo inmediato, la integración para América Latina y el Caribe es fundamental. Sólo unidos podremos renegociar las condiciones de nuestro papel en este hemisferio. Digo lo mismo con relación a la necesidad de unir los esfuerzos de los países del Tercer Mundo frente al poderoso e insaciable club de los ricos. He señalado en ocasiones que esta tarea de integrar y unir esfuerzos no puede esperar por que se produzcan primeramente cambios sociales profundos o revoluciones sociales en cada uno de estos países. He afirmado también que al ser insostenible el actual orden económico mundial, éste corre el riesgo muy real de un derrumbe catastrófico, que dejaría pálido el desastre y la prolongada crisis que se originó en 1929 cuando las bolsas de Estados Unidos, cuyas acciones habían sido infladas más allá de lo soportable, estallaron. Ni siquiera el entusiasta y experto Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos —cuyos ojos insomnes no se apartan ni un minuto de los datos estadísticos que emanan de esa ruleta incontrolable e impredecible que es el sistema especulativo en el cual apuestan y tienen invertidos sus ahorros el 50 por ciento de las familias norteamericanas— se atrevería a asegurar que tal riesgo no existe. El remedio para evitarlo no ha sido inventado ni podrá inventarse dentro de tal sistema. Incesantemente insisto en la necesidad de abrir los ojos ante estas realidades. Puede producirse un derrumbe antes de que los pueblos estén preparados para ello. Los cambios no saldrán de la cabeza de nadie, pero las cabezas deben estar preparadas para esos cambios inevitables, los cuales adquirirán las más variadas formas y seguirán las más variadas vías, sin excluir ninguna, aunque éstas, desde mi punto de vista, surgirán fundamentalmente como fruto de la acción de las masas, que nadie podría contener.

Nada será, sin embargo, fácil. La ceguera, la superficialidad y la irresponsabilidad de la llamada clase política harán el camino más difícil, pero no inexpugnable.

F.M. ¿Existe para los pobres la más mínima esperanza de acceder a una vida mejor en los próximos veinte años?

F.C. La humanidad empieza a tomar conciencia. Observe lo que ocurrió en Seattle y en Davos.

Se recuerdan con frecuencia los horrores del holocausto y los genocidios que se han sucedido a lo largo del siglo, pero parece olvidarse que cada día, a causa del orden económico de que hablamos, mueren de hambre o enfermedades prevenibles decenas de millones de personas. Se pueden esgrimir estadísticas de crecimiento aparentemente positivas, pero al final las cosas siguen igual o peor para los países del Tercer Mundo. El crecimiento descansa muchas veces en la acumulación de bienes de consumo que no contribuyen en nada a un verdadero desarrollo y a una mejor distribución de la riqueza. La gran realidad es que después de varias décadas de neoliberalismo, los ricos son cada vez más ricos y los pobres son más y cada vez más pobres.

F.M. Durante la última cumbre del Grupo de los 77 que tuvo lugar en abril en La Habana, usted formuló un conjunto de ideas para reformar el orden internacional. ¿Puede retomar esas propuestas?

F.C. Allí abogué por la cancelación de la deuda externa de los países menos desarrollados y por un alivio considerable de la de muchos otros países. Me pronuncié igualmente por la supresión del Fondo Monetario Internacional. Ya es hora de que los países del Tercer Mundo exijan librarse de un mecanismo que no ha sido capaz de asegurar la estabilidad de la economía mundial. Con un sentido más general, fustigué los efectos nefastos de esa política hipócrita que es el neoliberalismo, para todos los países subdesarrollados y en particular para los de América Latina y el Caribe. Dije que hacía falta un Nuremberg para juzgar el genocidio que significa el actual orden económico mundial.

F.M. ¡Eso es un poco exagerado!

F.C. Tal vez sea lo contrario: un poco moderado. En aras de la precisión, sólo voy a citar algunos párrafos del discurso de clausura de la Cumbre Sur:

Antes se hablaba del apartheid en África; hoy podemos hablar del apartheid en el mundo, donde más de 4 000 millones de personas se ven privadas de los más elementales derechos de los seres humanos: la vida, la salud, la educación, el agua potable, los alimentos, la vivienda, el empleo, la esperanza en su futuro y en el de sus propios hijos. Al paso que vamos, pronto no nos quedará ni el aire que respiramos, cada vez más envenenado por las derrochadoras sociedades de consumo que contaminan los elementos esenciales de la vida y destruyen el hábitat humano.

[...]

El mundo rico pretende olvidar que las causas del subdesarrollo y la pobreza fueron la esclavitud, el coloniaje, la brutal explotación y saqueo a que fueron sometidos durante siglos nuestros países. Nos miran como pueblos inferiores. Atribuyen la pobreza que sufrimos a la supuesta incapacidad de los africanos, los asiáticos, los caribeños y latinoamericanos, es decir, los negros, los indios, los amarillos y los mestizos para desarrollarnos e incluso para gobernarnos.

[...]

Albergo la más firme convicción de que el actual orden económico impuesto por los países ricos no sólo es cruel, injusto, inhumano, opuesto al curso inevitable de la historia, sino también portador de una concepción racista del mundo como las que en su tiempo inspiraron en Europa al nazismo de los holocaustos y de los campos de concentración que hoy llaman en el Tercer Mundo centros de refugiados, y que son realmente concentrados por la pobreza, el hambre y la violencia; las mismas concepciones racistas que en África inspiraron al monstruoso sistema del apartheid.

[...]

Luchamos por los más sagrados derechos de los países pobres; pero estamos luchando también por la salvación de ese Primer Mundo, incapaz de preservar la existencia de la especie humana, de gobernarse a sí mismo en medio de sus contradicciones y egoístas intereses, y mucho menos de gobernar al mundo, cuya dirección debe ser democrática y compartida; estamos luchando —casi puede demostrarse matemáticamente— por preservar la vida en nuestro planeta.

En una palabra, Federico: es urgente luchar por nuestra supervivencia, la de todos los países, pobres o ricos, pues en ese mismo barco navegamos todos. Y en ese sentido, en la Cumbre hice una propuesta muy concreta sobre un tema delicado y complejo: pedí a los países del Tercer Mundo exportadores de petróleo que concedieran precios preferenciales a los países más atrasados, al estilo de lo que se hizo con el Pacto de San José, firmado hace veinte años por Venezuela y México, que permite a países de Centroamérica y el Caribe comprar petróleo en condiciones más favorables.

F.M. ¿Tiene usted un juicio tan severo sobre las Naciones Unidas?

F.C. No, en modo alguno, aunque considero anacrónica su estructura. Después de 55 años de existencia, es preciso refundar la organización. Las Naciones Unidas deben merecer su nombre: deben estar realmente unidas por objetivos verdaderamente humanos y trascendentales. Todos los países, grandes y pequeños, desarrollados y subdesarrollados, deben tener la posibilidad real de hacer oír sus voces. La ONU debería constituirse en un gran espacio de encuentro donde todas las opiniones y puntos de vista puedan expresarse y debatirse. Su funcionamiento debe ser realmente democrático. Es importante que dentro de los órganos de Naciones Unidas actúen agrupaciones como el Grupo de los 77 y el Movimiento de Países No Alineados. La estructura de las Naciones Unidas tiene que ser transformada para que la organización desempeñe el importante papel que le corresponde en el mundo de hoy. El desarrollo social, por ejemplo, constituye en la actualidad una de las necesidades más dramáticas del Tercer Mundo, y la misión del Banco Mundial no es aportar fondos para resolver crisis financieras; fue creado para promover el desarrollo social, cuyo atraso es hoy la mayor calamidad de nuestra época.

F.M. ¿Cuando usted mira el mapa del mundo, ¿qué cambios le haría?

F.C. Estaría pensando en un mundo digno de la especie humana, sin naciones super ricas y despilfarradoras frente a incontables países sumidos en la indigencia; un mundo en que todas las identidades y culturas fuesen preservadas, un mundo con justicia y solidaridad; un mundo sin saqueo, opresión ni guerras, donde la ciencia y la técnica estuvieran al servicio del hombre; un mundo donde la naturaleza fuese protegida y el numeroso enjambre de personas que hoy somos pueda sobrevivir, crecer y disfrutar de las riquezas espirituales y materiales que su inteligencia y su esfuerzo son capaces de crear.

No hace falta preguntármelo. Sueño con un mundo que, a partir de la filosofía del capitalismo, será imposible alcanzar jamás.

F.M. ¿Qué piensa usted de la evolución de América Latina en su conjunto?

F.C. Pienso que ha perdido casi 200 años de historia en su desarrollo social y en su integración política. Algunos países de América Latina tienen muchos más recursos económicos que Cuba, bloqueada hace ya más de 40 años. Pero si se les mira bien, resulta que en muchos de ellos la tercera parte de la población no sabe leer ni escribir, que millones de latinoamericanos carecen hasta de un techo donde guarecerse, que los países están endeudados hasta tal punto que resulta prácticamente imposible su desarrollo. La deuda latinoamericana es tan grande que muchas de las naciones de la región, cualquiera que sea su Producto Interno Bruto, no les garantizan una calidad de vida digna a la mayoría de sus ciudadanos. Sus economías, que en cifras macroeconómicas parecen a veces marchar bien, han caído en las manos de las grandes potencias financieras y tecnológicas. De todas se escapan hacia los países ricos sumas de capital cuyo monto nadie sabe ni puede calcular. Sus débiles monedas están indefensas frente a las embestidas de los especuladores. Las reservas de divisas con que pretenden defenderlas a un elevado costo de fondos inertes, que en nada contribuyen al desarrollo económico y social, se diluyen en cuestión de días ante cualquier peligro de devaluación. Los ingresos que provienen de las privatizaciones que enajenan el patrimonio nacional desaparecen sin aportar beneficio alguno. Ante una amenaza de crisis financiera o devaluación, todos los capitales se vuelven golondrinas, tanto los préstamos que se reciben a corto plazo, como los de los nacionales atemorizados por el riesgo inminente de ver mermar sus ahorros. Las socorridas fórmulas de elevar sin límites las tasas de interés, caotiza y complica toda la vida económica del país. América Latina, como el resto del Tercer Mundo, es víctima de un orden económico internacional que le ha sido impuesto, del que ya dije que era insostenible. Divididos y balcanizados como están y seducidos por engañosas ilusiones de progreso y desarrollo que emanan de los cantos de sirena de un tratado de libre comercio hemisférico, los países de América Latina corren el riesgo de perder definitivamente su independencia y ser anexados por Estados Unidos.

F.M. Me gustaría ahora abordar un tema delicado: el de la libertad de expresión y de pensamiento. El régimen cubano es atacado regularmente por su política represiva en la materia...

F.C. Te adivino lo que ibas a decir. Antes habría que preguntarse si en una región del mundo donde la inmensa mayoría de los ciudadanos son analfabetos totales o funcionales, puede hablarse de libertad de expresión y de pensamiento. Parecería una burla despiadada. Hay algo peor. Muchas personas en el mundo no sólo carecen de libertad de pensar; se les ha destruido el equipo de pensar. A miles de millones de seres humanos, incluida una parte importante de los que viven en sociedades desarrolladas, se les dice qué refresco deben consumir, qué cigarro fumar, qué ropa vestir, qué zapatos usar, con qué y con cuál marca de producto debe alimentarse. Sus ideas políticas son suministradas de la misma forma. Un millón de millones de dólares se gastan cada año en publicidad. Esa lluvia cae sobre masas indefensas a las que se les priva totalmente de elementos de juicio y conocimientos para meditar y discernir. Jamás ocurrió eso antes en la historia de la humanidad. El hombre primitivo tenía más libertad de pensar. José Martí dijo: «Ser cultos para ser libres». Habrá que añadir un apotegma: sin cultura no hay libertad posible. Instrucción y cultura es lo que más ha ofrecido la Revolución a nuestro pueblo, mucho más que gran parte de los países desarrollados, que no por vivir en sociedades consumistas son cultos. A veces aterra la superficialidad y vaguedad de sus conocimientos. Cuba ha elevado a 9 grados el conocimiento promedio de su población. Esto no constituye más que una base. En diez años más su cultura estará a nivel de graduado universitario y será integral y no parcelada. Todas las condiciones han sido creadas. Nadie podrá ya impedir que alcancemos la condición de ser el pueblo más culto de la Tierra, y en adición a ello llegar a poseer una profunda cultura política, no dogmática ni sectaria; cultura política de la que tanto carecen muchas de las naciones más ricas del planeta. Al servicio de tan elevado objetivo, pondremos las fabulosas tecnologías creadas por el hombre y sin publicidad comercial. Sería mejor esperar un poco para hablar de verdadera libertad de expresión y pensamiento, algo que no podrá conciliarse jamás con un brutal sistema económico y social capitalista que es la negación de la cultura, la solidaridad y la ética.

F.M. ¿Cómo piensa contribuir el Estado cubano a esa exigencia?

F.C. En parte he contestado esa pregunta. En cuanto a los pasos concretos que venimos dando, me gustaría hacerlo con más profundidad en otra entrevista.

F.M. Desde hace algunos años, estamos en presencia en la isla del nacimiento de un embrión de oposición: grupos de disidentes que empiezan a organizarse. En esas condiciones, ¿acaso no sería hora de que el régimen se abra al pluralismo político?

F.C. La verdadera oposición surgió cuando se produjo la más profunda Revolución social de este continente en medio de la guerra fría y a 90 millas de Estados Unidos, quien la ha organizado y dirigido durante más de 40 años.

La Revolución barrió con centenarios privilegios y afectó los intereses de los sectores más ricos e influyentes de la sociedad cubana; afectó a la vez grandes empresas agrícolas, mineras, industriales, comerciales y de servicios que Estados Unidos había creado en Cuba. Sufrimos guerras sucias, invasiones mercenarias, peligros de ataques militares directos, y estuvimos al borde de una guerra nuclear.

El jefe de esa colosal actividad contrarrevolucionaria y de lo que vino después, la guerra económica, política e ideológica, fue y sigue siendo hasta hoy el gobierno de Estados Unidos. Lo demás es pura ficción artificialmente creada y siempre bien financiada por la superpotencia, sus aliados y lacayos, todo envuelto en mentiras y calumnias que constituyen la espina dorsal del sistema sin ideas y sin ética enfrentado a una Revolución que ya pasó, resistió y venció sus más duras pruebas, y a un pueblo unido, combativo y políticamente más fuerte.

No habrá apertura alguna en ese sentido. No vemos por qué cooperar con la estrategia de Estados Unidos.

F.M. La mayoría de sus ministros no había nacido cuando triunfó la revolución castrista.

F.C. Eso demuestra que son jóvenes y tenemos Revolución para rato.

F.M. ¿Cuáles son actualmente los sueños del pueblo cubano?

F.C. Pienso que hay 11 millones de sueños.

F.M. ¿En qué difieren de los de la generación anterior?

F.C. En que antes cada uno soñaba con la felicidad para sí mismo y hoy todos sueñan con la felicidad para todos.

F.M. ¿No desearía usted asociar más estrechamente a la población a la toma de las decisiones políticas?

F.C. ¿Cree usted acaso que sin una máxima y estrecha participación del pueblo, Cuba y la Revolución existirían?

F.M. Desde el triunfo de la Revolución, la décima parte de la población cubana ha abandonado la isla. ¿Cómo explica usted ese éxodo?

F.C. Usted menciona cifras. Trato de recordar las distintas migraciones y me parece que las cifras son inferiores, excepto que las mismas incluyan a los que nacieron en el exterior. Pero eso carece de importancia. Antes de la Revolución las visas que recibían los cubanos eran insignificantes. Al triunfo de aquella, las puertas se abrieron de par en par. De 6 mil médicos se llevaron la mitad, otro tanto hicieron con profesores universitarios y maestros. Fue una colosal extracción de recursos humanos. Pero soportamos el golpe a pie firme. A nadie se le prohibió emigrar. No fuimos nosotros sino ellos los que más de una vez cerraron las puertas y establecieron cuotas de visas legales. Su peor crimen fue el estímulo a las salidas ilegales mediante una monstruosa y asesina Ley llamada de Ajuste Cubano, en virtud de la cual cualquier persona, sean cuales fueren sus antecedentes y conducta, si sale ilegalmente de Cuba por cualquier vía y arriba a territorio de Estados Unidos, recibe, sin una sola excepción, derecho de residencia en ese país. Por esta vía han recibido a muchos delincuentes, aunque no todos lo sean, y no pocas personas han perdido la vida. Por esta estúpida Ley, única en el mundo, creada sólo para los ciudadanos cubanos, se produjo el caso del niño secuestrado sin haber cumplido 6 años, Elián González, en una aventura donde perdieron la vida 11 cubanos.

Si a México y el resto de América Latina y el Caribe se hubiesen concedido durante casi 35 años tales privilegios, más de la mitad de la población de Estados Unidos sería latinoamericana y caribeña. No existiría hoy entre México y Estados Unidos un muro mucho mayor que el de Berlín donde mueren cada año más emigrantes que todos los que murieron durante los años de existencia de aquel muro. Ofrezcan ustedes ese privilegio en Europa a los habitantes al Norte y al Sur del Sahara, y veríamos cuántos emigrarían.

Debemos decir que nunca hemos prohibido la emigración de Cuba hacia Estados Unidos y el 90 por ciento de los que lo han hecho ha sido por motivos económicos.

F.M. El asunto del pequeño Elián ha despertado los ardores de la comunidad cubana exiliada en Miami. ¿Qué opina usted de la disidencia cubana, tanto en el interior de la isla como en la Florida?

F.C. No comprendo la diferencia que puede haber entre lo que tú llamas disidencia externa y la interna. Son exactamente la misma cosa. Ambas tienen el mismo origen y la misma dirección. Ambas son instrumento de la política de Estados Unidos contra Cuba, ambas son proimperialistas, antisocialistas y anexionistas. Los que fueron promovidos como jefes de la llamada Fundación Cubano-Americana un engendro surgido del llamado Documento de Santa Fe, plataforma política del Partido Republicano del año 1980 con relación a Cuba eran casi sin excepción antiguos miembros de la CIA, o hijos de connotados criminales de guerra que escaparon hacia Estados Unidos al triunfo de la Revolución. Su lista de crímenes y fechorías cometidos contra Cuba, primero como individuos reclutados desde la época de la invasión mercenaria de Girón y después como miembros de la mafia cubano-americana mencionada, es interminable. Uno de los propósitos de Reagan y su equipo era buscar una máscara política que presentara, en nombre de una supuesta representación cubana, todas las leyes o medidas de bloqueo y guerra económica contra nuestra Patria. Recibieron contratos y concesiones económicas privilegiadas, traficaron con todo, incluso drogas, y amasaron abundantes riquezas. La creación de un lobby para promover y ahijar en el Congreso aliados a la extrema derecha y a los congresistas más reaccionarios de cualquiera de los dos partidos en su política agresiva contra Cuba, fue una de las más importantes misiones que les encomendaron.

En su arsenal de acciones contra Cuba, estaba la de apoyar a grupos terroristas aparentemente independientes para realizar todo tipo de sabotajes a la economía, crímenes políticos, introducción de plagas y guerras biológicas. Terminaron organizando su propio aparato militar y preparando incontables planes para asesinarme cuantas veces yo viajaba al exterior. Era una verdadera cacería humana con pleno conocimiento y tolerancia de las autoridades norteamericanas. Con los abundantes recursos que poseían, entregaban fondos de campañas a decenas de legisladores de ambos partidos, por encima o por debajo de la mesa. Ellos eligieron legisladores del propio grupo y ayudaron a elegir a otros. El apoyo oficial era total. Repugna todo lo que hicieron contra nuestra Patria. Su último crimen fue el secuestro de un niño que no había cumplido 6 años, de cuya legítima familia lo despojaron. Dueños de la Florida, se consideraron con derecho a desafiar las leyes y órdenes del propio Gobierno. Terminaron pisoteando y quemando banderas norteamericanas. La colosal y estúpida fechoría cometida con el niño secuestrado fue su Waterloo político. Será muy difícil que vuelvan a recoger los pedazos dispersos de lo que fuera el considerable poder y la influencia política que habían alcanzado, y armar con ellos de nuevo algo que sirva.

Tan destrozada moral y políticamente como ellos, está la otra ala de la estrategia contrarrevolucionaria de Estados Unidos: los minúsculos grupitos que han estado promoviendo durante muchos años para crear un frente interno contra la sólida e inconmovible unidad y fortaleza de la Revolución, a los que estimula con fondos que llegan por las más diversas vías y apoyan con todos los medios publicitarios a su alcance. En las emisoras subversivas que transmiten desde Estados Unidos y en la prensa de la Fundación, tienen sus órganos de divulgación y difamación contrarrevolucionaria. Trabajan estrechamente unidos a la mafia cubano-americana. Son coordinados directamente por el personal de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, diplomáticos checos, polacos y otros funcionarios de algunas embajadas de países aliados o subordinados a Estados Unidos.

Su misión esencial es obstruir las relaciones diplomáticas y económicas de Cuba, suministrar con sus provocaciones material publicitario para las campañas de propaganda, difamación y aislamiento de la Revolución. En estos gloriosos y heroicos años de doble bloqueo y período especial, donde se decidía la vida o la muerte de nuestra Patria, las hazañas de nuestro pueblo los hundirán en lo más profundo de la ciénaga de su infamia, y en lo que es absolutamente lo más seguro y digno de su miserable papel: el olvido.

F.M. ¿Cómo recibió usted la noticia de su liberación por la policía federal el 22 de abril?

F.C. Casi asombrado de que al fin se hubiesen decidido a hacerlo, y era algo de extrema necesidad. La vida del niño corría grave peligro. La reunión con el padre, el hermanito, la nueva madre y varios compañeritos de escuela ha producido un cambio espectacular en el estado de ánimo y la salud del niño. Avanza rápidamente en sus estudios, y a pesar de los meses de secuestro podrá vencer el curso escolar. La cuestión fundamental es ahora su regreso a Cuba. Pienso que no habrá forma legal, moral o política de retenerlo en Estados Unidos. El pueblo norteamericano, en forma casi total, ha ofrecido su apoyo para la reunión con su padre y el regreso a Cuba. Un gesto que siempre agradeceremos.

F.M. ¿Cómo reaccionó usted ante la condena a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU el 18 de abril del 2000, como resultado de una iniciativa de la República Checa y de Polonia? Se le reprocha de reprimir violentamente a los disidentes políticos y a los grupos religiosos...

F.C. En cuanto al voto en Ginebra, quedó en evidencia que se trató de un nuevo e hipócrita acto de hostilidad y agresión de Estados Unidos contra Cuba, con la complicidad activa de algunos gobiernos de países ex socialistas que se prestaron para hacer el juego sucio de los norteamericanos, y el apoyo de sus cómplices europeos que en Ginebra votan en bloque junto a su aliado más poderoso y jefe de la mafia de la OTAN. No tuvimos la menor vacilación en desenmascarar la infame maniobra. Nuestro pueblo la condenó unánimemente y formulamos contundentes denuncias contra los confabulados, muchas de las cuales no han podido responder. Las réplicas serán cada vez más duras y la batalla contra Cuba más difícil.

F.M. El Papa Juan Pablo II visitó La Habana en enero de 1998. ¿Lo convenció a usted?

F.C. Realmente no recuerdo que el Papa haya tratado de convencerme de algo. Lo recibimos con la hospitalidad y el respeto que merece una personalidad tan relevante, de especial talento y carisma. Ambos hablamos a la luz pública al llegar y al partir, y ambos expusimos con respeto y dignidad nuestras ideas. Yo fui breve: 14 minutos al recibirlo y 5 minutos al despedirlo. Pusimos el país en sus manos; le entregamos las más históricas plazas públicas, que fueron las escogidas por los organizadores del viaje; nuestras cadenas de televisión quedaron a su disposición; así como el transporte que solicitaron para las movilizaciones, que era todo con el que contaba nuestro país bloqueado; invitamos a los militantes de nuestro Partido, la Juventud Comunista y las organizaciones de masas a asistir a las misas con la rigurosa instrucción de escuchar con respeto todos los pronunciamientos y sin un solo cartel, consigna, o exclamaciones revolucionarias. Ciento diez cadenas extranjeras de televisión y 5 mil periodistas recibieron autorización para divulgarlo todo al mundo. Ni un soldado en la calle, ningún policía con armas. En ninguna otra parte ocurrió algo parecido.

Al final los organizadores de los viajes del Papa afirmaron que era la visita mejor organizada que había realizado el Papa. No ocurrió un solo accidente de tránsito. Pienso que él se llevó una grata impresión de nuestro país; él a su vez dejó una grata impresión en Cuba. Tuve oportunidad de admirar su capacidad de trabajo y la abnegación con que cumplía rigurosamente los duros programas que le imponían sus colaboradores. Quienes se llevaron un total chasco fueron aquellos que en el exterior y no eran pocos imaginaron que la Revolución se derrumbaría como las murallas de Jericó, ante la sola presencia del Papa. Tanto ella como él salieron muy conscientes de sus propias fuerzas.

F.M. Nadie es inmortal, ni los Jefes de Estado ni los hombres comunes. ¿No piensa usted que sería sabio preparar su sucesión, aunque sólo fuera para evitar al pueblo cubano el trauma de una transición caótica?

F.C. Conozco bien que el hombre es mortal, y no preocuparme jamás por ello ha sido clave de mi vida. Cuando un carácter rebelde me llevó al arriesgado oficio de luchador revolucionario que nadie me impuso, sabía también que era bastante poco probable que sobreviviera mucho tiempo. No era Jefe de Estado y sí un hombre muy común. No heredé cargo alguno ni soy Rey, no necesito por tanto preparar sucesor, y en todo caso, nunca sería para evitar el trauma de una transición caótica. No habrá trauma, ni será necesaria transición alguna.

La transición de un sistema social a otro se viene haciendo desde hace más de 40 años. No se trata de la sustitución de un hombre por otro.

Cuando una Revolución verdadera se ha consolidado y la siembra de ideas y de conciencia ha comenzado a dar sus frutos, ningún hombre, por importante que haya sido su aporte personal, es indispensable. No existe en Cuba culto a la personalidad. Nadie verá ni siquiera fotos oficiales, ni calles ni parques o escuelas que lleven el nombre de dirigentes vivos. Las responsabilidades están muy compartidas y el trabajo distribuido entre muchos. Numerosas personas jóvenes y ya experimentadas, junto a un grupo menos numeroso de revolucionarios veteranos con los cuales están profundamente identificados, son los que hacen funcionar el país. Y no olvidar: existe un partido con gran prestigio y autoridad moral. ¿De qué preocuparse?

F.M. Lo que usted dice es muy correcto. Pero, precisamente, al no poner en funcionamiento desde ahora hombres y estructuras capaces de asumir el relevo llegado el momento, ¿no cree usted que aumente el riesgo de que se cuestionen esos logros sociales?

F.C. El relevo al que te refieres no sólo está ya preparado, sino que viene funcionando hace bastante tiempo.

F.M. Usted tiene el privilegio de haberse convertido en un mito en vida. ¿Lo seguirá siendo después de muerto?

F.C. No soy yo. Son los gobiernos de Estados Unidos los que me han convertido en lo que tú llamas un mito, y si lo he sido en vida es también gracias a su fracaso en los incontables intentos de privarme de ella. Claro que lo seguiré siendo después de muerto. ¿Puede acaso subestimarse el mérito de haber luchado tantos años contra tan poderoso imperio?

F.M. Fidel Castro, el conspirador permanente. ¿Pertenece esta imagen a un pasado obsoleto?

F.C. Por el contrario, se ha convertido en un hábito tan importante en mí que ni siquiera hablo conmigo mismo los secretos estratégicos más importantes en mi lucha revolucionaria. Prefiero contarlos por televisión.

F.M. ¿Por qué vive usted de noche? ¿Cuándo prepara sus discursos?

F.C. Vivo y casi siempre trabajo a todas horas, de día y de noche. ¿Acaso después de los 70 se puede perder tiempo? En cuanto a mis discursos he llegado a la conclusión, un poco tarde quizás, de que los discursos tienen que ser cortos

 

 

 

 
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