Conversación con Manuel Borja-Ville y Jorge Rivalta
por Llàtzer Moix y J. F. Yvars

      

 

LA VANGUARDIA 20.11.05.

Diálogo con la dirección del Macba con motivo del X aniversario
El espacio artístico como lugar de negociación
"Nuestras exposiciones son nuestra bandera"

"Un museo de arte contemporáneo debería ser una estructura de conocimiento que nos hiciera entender mejor el mundo en que vivimos y nos permitiese crear modelos de sociabilidad distintos a los actuales, que remiten a épocas o modelos realmente reaccionarios o están basados en el consumo", afirma Manuel Borja-Villel, director del Macba y principal responsable de su trayectoria reciente. Acompañado por Jorge Ribalta , jefe de programas públicos de la institución, Borja- Villel desarrolla a continuación su modelo de museo en conversación con Llàtzer Moix, redactor jefe de cultura de La Vanguardia, y con J. F. Yvars, ex director del IVAM, y colaborador del diario.


Llàtzer Moix - ¿Qué puede ser hoy un museo de arte contemporáneo?

Manuel Borja- Villel - Hoy suele ser dos cosas: o bien una fábrica, literalmente, de crear eventos - no siempre con todo el tejido académico y de estudio necesario-, o bien un lugar para el espectáculo, que tiene que ver con la comunicación e imagen de las ciudades. ¿Qué debería ser? Debería ser una estructura de conocimiento que nos hiciese entender mejor el mundo en que vivimos y nos permitiese crear modelos de sociabilidad distintos a los actuales, que remiten a épocas o a modelos realmente reaccionarios o están basados meramente en el consumo.

J. F. Yvars - Hay un horizonte de utopía. Si al arte todavía le queda algo que aportar en este mundo aplebeyado y un punto cuartelario , es una cierta dimensión trascendente. Mi propuesta iría por otro lado. Hasta el momento los museos han sido guardianes de la memoria sensible de una sociedad. Digo sensible en lo no simplemente visual y porque estamos hablando de museos contemporáneos. Hoy los museos son espacios públicos lúdicos subvencionados.

Digo espacios lúdicos en positivo, es decir, donde uno puede desarrollar su fantasía e imaginación. Y añado subvencionados por la parte que recae en el contribuyente. Cuando el museo era vigilante de la memoria social, había que conservar, mantener y presentar... El problema primordial del museo de arte contemporáneo es la entidad de su colección, porque al museo lo define su colección y al director lo define su programa. ¿Cómo se estructura todo esto? En cuanto a espacio público, puede ser un espacio neutro, cosa poco menos que imposible, o un espacio ocupado por poderes fácticos, que van desde la Administración hasta las oligarquías que cada sociedad va generando. O puede ser un espacio interventivo ...

Vuelvo a esa dimensión utópica: deberíamos emplazar a la gente a enseñar a mirar su entorno.

M. B.-V - Primero estoy de acuerdo con que en el museo de arte contemporáneo la colección va más allá de la visualidad. Estoy de acuerdo en que un museo puede o debe ser un espacio lúdico. Hay que reivindicar el juego, la imaginación, por supuesto. Un museo, aunque sea contemporáneo, tiene que tener su función principal, que es custodiar la memoria. En este sentido, un museo tiene una función pedagógica que es hacernos entender el mundo en que vivimos. También nos hemos de replantear qué entendemos por colección, educación, etcétera. No es lo mismo crear un museo patrimonial que un museo donde la colección tiene un carácter de archivo. El archivo o la biblioteca es algo susceptible de diversas lecturas. El museo patrimonial es el museo hegemónico. El museo de arte contemporáneo no sólo lo es por los contenidos, sino por cómo piensa la colección, su preservación. Y esto es algo que estamos haciendo desde el Macba.

Jorge Ribalta - Se habla de la idea de juego, yo me sentiría más cercano a una idea de experimentación...

J. F. Y. - Hoy los estímulos de la experiencia se han multiplicado por n, es decir, el mundo de la experiencia de una persona joven es mucho más fuerte que la capacidad de racionalizar su propia experiencia. Y esa responsabilidad de codificación de la experiencia sí que pasa por el museo. Hablaba de lúdico no en el sentido de intercambio imaginativo, sino en el sentido de ordenar experiencias que no están codificadas, y se someten a unas normas que definen el juego.

M. B.-V. - En inglés hay dos palabras, que son play y game. Game es el juego que acepta unas reglas. Play es el juego que inventa las reglas continuamente. Este último es el aspecto lúdico que buscamos.

J. R. - Habría que preguntarse qué es lo que estamos experimentando. Experimentamos sobre qué podemos aprender de los métodos artísticos, sobre cómo podemos apropiarnos de esos métodos en situaciones de sociabilidad inéditas o inusuales. Y esto va, por definición, en contra de la idea de lo visible. Lo importante de la experimentación es que se produzca, no que produzca imágenes o representaciones. La visibilidad en general fetichiza, cosifica el arte y otras cuestiones que de momento deben mantenerse en el territorio de la experimentación para que sean posibles.

M. B.-V. - Volvemos a la idea de colección como archivo. Si la colección no es un lugar de representación, sino un lugar de múltiples lecturas, esto quiere decir dos cosas. Que posiblemente el museo debería inventar este espacio de presentación, de intermediación. Y eso implica el fomentar, el crear un arte pedagógico. Un arte que se hace en colaboración, en complicidad con el espectador. Por lo tanto, el espacio artístico no es lugar ya de representación, sino un lugar de negociación. Es un espacio donde a través del arte se está creando una contraimagen de la imagen oficial; y esta contraimagen se hace a partir de una negociación, del diálogo entre un artista y las personas que trabajan esta contraimagen, y al mismo tiempo quienes la están haciendo están educándose para entender un código y criticar este código. El museo debería ser fundamentalmente una estructura pedagógica, no en el sentido modernista, en el cual educación es transmisión, sino la educación entendida como espacio agónico y de negociación.

J. F. Y. - Si hay un mundo que se escapa es el presente. Atrapar los síntomas de esa huida y estructurar un criterio museográfico es fundamental. El arte es hoy algo huidizo que se genera al margen o a la contra de la historia del arte. Ya no es sólo el objeto contra la obra de arte, sino que el propio espacio del arte es un lugar controvertido. Es un espacio en el que juegan representaciones simbólicas, virtuales e históricas en la construcción de un algo que debe ser distinto. Esto es muy importante por ejemplo en museos como el Macba, que están situados en una zona fronteriza de la ciudad. El espacio de este museo no es un espacio suntuario, como es tal vez el del MNAC; tampoco es un espacio histórico, como el del Picasso ; es un territorio apache. Aquí como no vigiles te rompen los cristales. No puedes estar fingiendo modelos constructivos de índole impostada, sino que has de estar inventándote el presente. Cuando hablamos de la crítica que a Manuel Borja- Villel se le hace, diciendo que las exposiciones del Macba son grises, en el sentido de duras, debemos señalar que son duras porque lo que se está pretendiendo transmitir es una respuesta sensible que no remite ni a la platitude histórica tradicional ni al confort de la vanguardia. Está remitiendo a un mundo que es real, que quema.

M. B.-V. - Yo quería apuntar varias cosas. Primero, una realidad objetiva: quizás estemos en un lugar duro, y es cierto que no nos anunciamos. Pero las cifras son buenas. Hace seis años el museo tenía 150.000 visitantes; ahora tiene más de 400.000. Esto como aspecto estadístico, que vale lo que vale. Segundo: si hablamos de dificultades hay que especificar con relación a qué. Yo pregunto: ¿cuál es la situación del arte español en estos momentos? Lo que pasa en este país tiene que ver con una universidad desastrosa; y con el problema, salvando honrosas excepciones, de una falta de publicaciones de arte en general, y de cultura. Por lo tanto, falta algo tan básico en toda cultura democrática como es el discurso, el diálogo. Y luego cualquier muestra, ya sea la de Fahlström (que reivindicaba el juego) o la de Stanley Brown (que reivindicaba todo lo opuesto), se entiende como gris, pesada. En un país donde una feria como Arco es aparentemente el centro de toda cultura artística, el resto parece un ladrillo. Creo que es momento de reivindicar una cultura de la discusión. Creo que es importante reivindicar una cultura, quizás difícil, de pensamiento, donde sea necesaria una voluntad de entrar en juego. Me gustaría que una de las líneas del museo fuera por ahí.

Ll . M. - Tras este repaso al presente ideológico del museo, ¿podrían resumir el legado de estos primeros diez años del Macba ?

M. B.-V. - Si la pregunta es ¿dónde estamos?, la respuesta podría dividirse en cuatro niveles: legal (jurídico o de estructura administrativa), colección (memoria, patrimonio), público y espacios. Primero, hay que recordar que el Macba nació con una estructura compleja, que es un consorcio, con dos administraciones, una fundación privada, una sociedad civil involucrada, lo que da una autonomía al museo que en el resto del Estado es casi impensable. Esto ha permitido al museo, con unos medios limitados, ir creciendo en estos años. Esto es un aspecto positivo del presente. Por otro lado, la colección: en estos años se ha constituido una colección con la voluntad de entender la contemporaneidad marcada por esos momentos históricos que fueron 1956 (invasión de Hungría y final de un periodo), 1968 (mayo del 68), 1989 (caída del muro de Berlín) y 2001 (atentado 11-S). Esto marca unos periodos que el museo trata de explicar. En tercer lugar, mediante varios experimentos, hemos intentado desde el museo dar carácter de agente al público, a los espectadores. Lo hemos hecho con exposiciones como la de Portabella , o con ¿Cómo queremos ser gobernados? y con el Programa de Estudios Independientes. Y luego, en el apartado de espacios, junto a la sede actual, queremos crear otros ámbitos, que son de pensamiento, como el Centro de Documentación u otros. Así es donde estamos ahora.

Ll . M. - ¿Y hacia donde van?

M. B.-V. - Me gustaría que el futuro museo estuviera cada vez más cercano a una estructura a medio camino entre la agencia, a la manera en que la entiende Catherine David, y la universidad de las ideas en el sentido que da Pistoletto a la expresión.

J. F. Y. - Quizás sea así. Pero el museo sólo sobrevivirá si tiene un público que lo defienda y lo haga suyo...

M. B.-V. - Es evidente, no existe una institución o una sociedad si éstas no tienen un sujeto. Todo esto significa dar calidad de agente a estos públicos. Nosotros hemos intentado durante estos años diversas estrategias, hemos tratado de crear varios espacios, que a su vez generen un público. Estamos hablando todo el rato de público, no de espectadores (por aquello de la visibilidad), ni hablamos de audiencias. El público sólo se genera a partir de un texto. Un texto que se pueda leer y que genere opinión. Ésta es la voluntad del museo... Y, entre tanto, aumenta nuestro público y el nombre del museo ya es conocido internacionalmente.

Ll . M. - ¿Podrían definir la marca que representa el Macba en un espacio europeo, en un espacio global?

M. B.-V. - La palabra marca me pone muy nervioso, pero bueno, respecto a nuestra imagen a nivel internacional... Tiene que ver, por un lado, con nuestra manera de tratar la colección, para entender una época, para intentar explicar una realidad a través de pequeñas historias, no a través de la gran historia. Por otro lado, está nuestra voluntad pedagógica, en este sentido de la palabra que estamos utilizando en toda la conversación, y de dar este carácter de agente a los públicos, a través de diversas experiencias, que son éstas que hemos mostrado. Y luego obviamente, ligado a esto, está la parte que tiene más visibilidad (las actividades pedagógicas tienen un carácter invisible, no tienen la dimensión mediática de las exposiciones). Yo diría pues que, de algún modo, nuestra bandera, lo que se ha visto, es la línea de exposiciones temporales que hemos hecho en estos años.

Ll. M. - ¿Comporta su línea museística una sustitución del público convencional por otro? O, por el contrario, ¿la convivencia entre ambos tipos de público es posible?

M. B.-V. - Me parece que hay una polarización entre dos modos de entender la práctica y el hecho artístico: el de los grandes museos, el de las grandes instituciones, y por otro el que está más cercano, entre comillas, a un college, a un espacio de discusión, a otro tipo de espacio. Pero, por otro lado, estamos hablando de diversas experiencias estéticas. Hablamos de la experiencia estética que genera discurso, que es la de un tipo de público distinto al público general, que simplemente va a pasear. Y luego yo añadiría un tercer público: es el de los maestros antiguos, el que va a ver una obra y no necesariamente va a pasear ni tiene que tener esta voluntad de discusión. Creo que las tres experiencias son y deben ser compatibles, sólo que las tres deben tener este carácter crítico, pedagógico, utópico... Las tres pueden ser radicales, progresistas, revolucionarias, pero también altamente conservadoras.

J. F. Y. - Yo esto lo aceptaría si aceptamos, a su vez, que hay muchas noches en el ser humano, pero en fin... Hay una cuestión que quisiera plantear: hemos visto bien cuáles son las directrices, el concepto del museo. Pero hay otra cosa que me inquieta. Las colecciones deben acercar a los artistas, a menudo extranjeros, que sustentan vuestro discurso, y también a la gente de aquí. Hay una definición de la contemporaneidad, que pasa por el juicio desde aquí ¿Quien lo representa? ¿Quién adjudica esa representación?

M. B.-V. - Hay una concepción errónea que se da mucho en este país de pensar que los museos son estructuras neutras y plataformas para promocionar artistas de no se sabe dónde... Si un museo tiene que ayudar al arte de un país no es a través de cuotas locales o exponiendo sistemáticamente a unos artistas u a otros. Lo que hay que hacer es generar un discurso fuerte. Lo cual no quiere decir que no haya un diálogo con una realidad local. No hay cuotas de ningún tipo, pero hemos mostrado la labor del Grup de Treball , que protagonizó la primera exposición, entre comillas, local, y así fue porque el Grup de Treball es central a nivel de lo que queremos hacer en la colección, por lo que significa de otras prácticas artísticas. Ligado a esto, hemos expuesto los trabajos de Portabella; a Muntadas, por otro lado; y, más recientemente, la obra de Ignasi Aballí, de Pep Agut ...

Ll . M. - Hablemos del futuro. ¿Qué planes de ampliación tienen para el Macba , en lo intelectual y en lo estructural?

J. R. - En lo intelectual, el gran proyecto es el Programa de Estudios Independientes, que empezará en enero, articulando las varias líneas discursivas que hemos sostenido durante estos años.

M. B.-V.: Yo añadiría dos cosas. Por una parte, sería importante la consolidación de nuestra noción de colección, una colección que permita al público la triple experiencia: la discusión, el itinerario y la contemplación crítica. Por otra parte, en lo material o estructural, situaría el crecimiento físico, que se materializa en la Capella dels Àngels , donde estamos en obras, y que abriremos como otro espacio del museo; y luego está la instalación del Centro de Documentación. Éstos son nuestros planes.

 

 

 

 
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