Entrevista a Miquel Barceló
por JOAQUIM IBARZ

      

 

LA VANGUARDIA 13/05/2005

La exposición antológica inaugurada por Miquel Barceló en el Museo Rufino Tamayo de Ciudad de México ilustra cómo el artista mallorquín ha ido despojando su pintura de elementos secundarios -como la recreación de personajes o alusión a simbologías- con el fin de lograr una composición que logre lo esencial. El recorrido a lo largo de 20 años de la obra del pintor muestra el camino evolutivo que ha transitado para entender cómo ha llegado a la etapa actual con la obra más reciente.

Recuerdo -dice el artista- que en los años 70, uno de los esquemas marxistas en que nos movíamos era la obligación de coherencia. Todos los artistas tenían que ser coherentes, la incoherencia era gran pecado castigado con el infierno. Entonces ya reclamaba la incoherencia como posibilidad plástica, de contradecirse, de poder hacer algo nuevo y entrar en crisis permanente. Un pintor necesita practicarlo a menudo. Con el paso del tiempo veo que estas contradicciones eran más aparentes que reales. En apariencia, algunos cuadros a menudo son blancos y otros polícromos, unos vacíos y otros muy llenos. Como decía Heráclito, el lleno y el vacío es igual, y arriba y abajo es lo mismo. En algunos cuadros sigo un tema para darle un poco la vuelta. El tema de la tauromaquia es casi de risa, es la peor pintura que probablemente exista en el mundo.Me gustó recuperarlo para hacer algo nuevo, como con las marinas, los bodegones.

-¿Cómo ha evolucionado como pintor?

-No hay gran diferencia del Barceló de ahora con el de hace diez o veinte años. Lo distinto son los cuadros. La inquietud es la misma siempre, eso no cambia. Los cuadros sí que cambian mucho, eso es bueno. Mi trabajo se ha basado en buscar lo esencial. Al principio en mis óleos había una gran explosión con demasiadas cosas, después se han ido limpiado. Siempre estoy trabajando. No soy un artista que después de hacer su trabajo está revisando su obra. Más bien estoy inquieto por el trabajo presente. Yo no pienso en las interpretaciones, no controlo las lecturas de las obras. No soy un pintor formalista que repite, intento encontrar esta relación de forma y fondo en cada obra, que la técnica obedezca al cuadro concreto, y no repetir mecánicamente.

-¿Le dolió la larga polémica que rodeó a su mural cerámico que hace en la catedral de Palma?

-No fue agradable. Fue una polémica muy artificial, montada un poco deliberadamente para meter palos en las ruedas. Había muchas voces contrarias al proyecto. Por fortuna, el proyecto salió adelante sin mayores problemas y prácticamente está acabado.

-Se ha escrito que tuvo que mutilar los genitales de Cristo antes de instalar la obra.

-Es una gran mentira que autocensurara el mural. Por nada del mundo modificaría una obra mía. No me conocen quienes han podido escribir eso. Toda la polémica fue muy tendenciosa. Antes de que empezara el mural ya había presiones para que se paralizara y no saliera adelante. ¿Presiones de quién? No vale la pena señalar. Fue muy difícil sacar adelante el proyecto. Por eso ahora estoy muy satisfecho de que esté acabado en lo que se refiere a la obra en cerámica. Me quedan por hacer los vitrales.

-¿Qué opina sobre los frecuentes cambios de dirección en el Reina Sofía? ¿El museo tiene una línea definida?

-Tras un cambio de dirección en un museo lleva tiempo firmar un nuevo proyecto. Los museos llegan a tener su carácter a fuerza de insistencia. Hay que dar tiempo. El Reina Sofía es un barco pesado que cuesta mover. Pese a la fuerte inversión que se realiza desde hace años, el museo no es lo bueno que debería ser. Pero todos los museos que ahora apreciamos mucho han pasado malos momentos y fueron criticadísimos. Cada obra de arte que compraban era un escándalo. Cuando el museo de Zurich compró 20 esculturas de Giacometti por un millón de francos suizos fue acusado de derroche. Los museos necesitan tiempo y poder equivocarse, si no nadie haría nadar.

-El Reina Sofía acapara fondos públicos, mientras los museos de fuera de Madrid apenas tienen ayudas...

-Desde luego que eso es injusto. El gran tema de España sigue siendo el centralismo tan brutal que aún persiste. No es nuevo. Peor es en Francia. En los últimos años se han hecho cosas más interesantes en la periferia que en el centro.

-¿Dará nuevo impulso al arte español la proliferación de museos de arte contemporáneo?

-Eso es un poco sospechoso. Esos museos son como clones unos de otros. Es un poco signo de los tiempos. Después, todos tienen las mismas obras. No sé si responden a nada realmente importante.


 

 

 
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