entrevista a Sophie Calle
por Ana María Battistozzi

      

 

Clarín 24/05/08

En uno de sus primeros trabajos de 1979 siguió obsesivamente en Venecia a un hombre que acababa de conocer en París. Lo fotografió y tomó nota de cada uno de sus movimientos. Otra vez encontró una agenda y llamó a cada uno de los que figuraban en ella para saber detalles de la vida de su dueño y luego publicó esas descripciones en un periódico de París. Otra vez se ofreció como mucama en un hotel para poder fotografiar las habitaciones y las pertenencias de los pasajeros. Sus obras más tempranas "Suite Venetienne","The adress book" y "The hotel" que combinan fotografías, notas y registros de videos, son el resultado de esas experiencias. En otra ocasión, y tal vez para desvirtuar la fama de espía que se le había hecho, le pidió a su madre que contactara un detective para que la siguiera. "Tengo la capacidad de crear historias y obsesionarme con ellas, por un momento llegué a pensar que el detective que me seguía estaba loco por mí y hasta se me olvidó que yo misma lo pagaba", dice, mofándose de sí misma.

Acaso fue su capacidad de transitar naturalmente entre la realidad y la ficción lo que atrajo la atención de Paul Auster, cuando la usó como referencia para uno de los personajes de su novela Leviatán. Lo cierto es que si alguna vez su trabajo se pensó como reconstrucción de la vida ajena, muchas de sus obras recientes parten de acontecimientos de la vida propia. Es el caso de los dos trabajos que presentó en la última Bienal de Venecia y de "Dolor exquisito", la obra de 2004 que el director teatral Emilio García Wehbi adaptó con textos propios como espectáculo escénico y actualmente se presenta en la Sala Beckett , con actuación de Maricel Alvarez. Calle viajó a Buenos Aires para acompañar esa presentación y habló con Ñ sobre éste y otros trabajos de su polémica producción. .

 

- El origen de esta obra es una vieja historia de 1984.Una historia dolorosa para mí. Dejé pasar 20 años antes de volver sobre ella. Era joven, había recibido una beca para ir a Nueva York y no quise ir porque me sentía culpable de ir a un sitio del que sabía muchas cosas y no iba a descubrir nada. Entonces pensé en un sitio que no me fuera tan familiar y decidí irme a Japón, un país que no entendía. Además me propuse ir lo más lentamente posible. Elegí el tren que iba a través de Rusia y llegaría poco a poco a Japón. El hombre con quien yo vivía me había dicho que si yo me iba en este viaje no me iba a esperar. Así, durante todo el viaje tuve esa espada sobre la cabeza. Pero yo tenía que ir, era mi trabajo, lo necesitaba. De manera que la obra tiene dos partes. El viaje que funciona como tiempo de descuento hacia el momento del dolor en que él me dejará. Y la parte siguiente es cuando regreso y advierto que puedo usar ese momento doloroso de mi vida como material de trabajo. Que puede ser un dolor pero también un motor para transformar eso en un libro, articularlo sobre una pared o en una reflexión que - puede ser formulada de distintos modos. Decidí que si yo contaba el viaje era muy banal y hablar de un hombre que rompe... .

- Le pasa a todo el mundo .

- Sin embargo yo pensaba que nunca había sufrido más que en ese momento. La distancia, Japón, la espera y todo eso planteaba un contexto difícil. Me dije que si yo contaba esa historia así iba a terminar disgustada conmigo misma. Cuando la contaba lloraba muchísimo, estaba muy deprimida pero con el paso del tiempo la historia se volvió cada vez más económica hasta que pude abordarla de manera muy fría. Y cuanto más la contaba, más distancia tomaba de ella. Así, me dije que iba a contarla hasta que la pena se fuera y funcionó. .

- ¿Diría que su trabajo funciona como terapia?.

- En cierto modo, pero estoy segura de que no es la única perspectiva. Para mí resulta bien. Me permite cambiar el ánimo y las cosas, de una situación totalmente negativa que me tiene como víctima a otra que hace nacer un trabajo de arte que me puede traer a Buenos Aires y me permite poner la atención en otra cosa. Si un hecho como éste, por doloroso que sea, da lugar a un trabajo de arte, ya tiene sentido. Hay otros proyectos que hice que me sirvieron de terapia personal y luego excedieron esa función.

- El trabajo que presentó en la Bienal de Venecia, relativo a la muerte de su madre, ¿como surgió?

- Es muy diferente. No iba a ser un trabajo. El motor no era terapéutico ni artístico. Se trataba sólo de que yo quería ver el momento de la muerte de mi madre. Pensaba que tal vez en ese momento ella iba a decir algo, una última frase, un último pensamiento quizás. Tenía miedo de no poder estar cuando esto ocurriera. Seguramente yo iba a dormir, salir o comer. Me habían dicho que los moribundos usan ese momento de soledad para morir y yo no quería estar ausente. Así que puse una cámara. Si yo no estaba la cámara lo iba a registrar. Mi madre en ese momento estaba consciente. Cuando puse la cámara se rió y dijo que finalmente iba a hacer algo con ella. A ella le gustaba ser el centro, era absolutamente extravagante, por eso creo que cuando vio la camera no la sintió como algo enemigo Y para mí, la cámara era como yo misma. Nunca en mi vida me he sentido tan cercana de una cámara, realmente era como una extensión de mí. Además sirvió para desplazar el centro de mi angustia. Yo estaba tan preocupada de que no quedara nada sin filmar que controlaba todo el tiempo que no faltara cinta. Al final estaba más atenta a los minutos faltantes de cinta que a los minutos de vida que le quedaban a mi madre. Y en ese sentido fue mejor para mí. Funcionó así y cuando murió yo estaba afuera del cuarto pero en la casa y cuando regresé, murió.

- ¿Qué surgió en el filme? ¿De qué sirvió todo ese dispositivo de registro?

- No lo voy a saber hasta que vea las 80 y tantas horas filmadas. Miré sólo la última parte porque decidí hacer algo sobre su muerte. Yo quería hacer este trabajo pero no tenía la fuerza de mirar 80 horas. Cuando me invitaron a exponer en Venecia casi al mismo tiemporecibí la llamada de mi madre que me decía que le quedaban tres meses de vida. Entonces ella no iba a estar en Venecia y yo quería que estuviera de alguna manera como homenaje.

- ¿Cómo lo resolvió?

- Hay 11 minutos finales en que uno no puede saber si esta muerta o viva, no había respiración. Eso es lo que me dio la idea de hacer el trabajo que presenté en Venecia, que en realidad era sobre la imposibilidad de saber cuál fue su último suspiro. Cuando murió puse avisos en los diarios en los que decía cuál fue su último libro, la última película que vio, el último poema, pero terminaba con la imposibilidad de saber cuál fue su último suspiro. Ese momento es inasible, imposible de fijar.

- Su obra ha tratado muchas veces cuestiones íntimas que la gente se reserva para sí. La muerte de su madre o las rupturas sentimentales que aparecen en "Dolor Exquisito" y "Cuídate", la otra obra que presentó en Venecia.

- No son momentos de intimidad. Todos han recibido una carta de ruptura, o saben de alguien que murió. Yo no tengo la impresión de que revelo mi vida En un momento dado trabajo y lo describo de una cierta manera. Mi madre tuvo muchas horas y muchos momentos que no están en el trabajo. Ese hombre que me mandó la carta de ruptura en "Cuídate" es sólo un momento de mi vida.

- ¿Es el punto de partida para una acción?

- No es una ficción, o sí lo es por el o hecho de cortar y editar. Pero no es mi vida. Es lo que cuento de ella. -No es falso, pasó pero no es la vida, no es la realidad. La realidad es mucho más compleja. Un momento dado que controlo según lo cuento y con eso hago una obra. Hacer una obra no es contar la vida.

- Hay otra cuestión en su obra que tiene que ver con la privacidad de otros como en la "Suite Venetienne ".

- Allí no había ningún modo de saber quién era la persona.

- Pero se podía sentir vulnerado con su seguimiento.

- Sí, pero nadie de su círculo estrecho sabía. Además pienso que ese trabajo no era sobre él sino sobre mí siguiéndolo a él y él mismo lo aceptó cuando se dio cuenta.

- ¿Y el trabajo que hizo con la agenda encontrada?

- Tengo que admitir que fue el trabajo más problemático que hice. Todos los amigos del dueño me hablaron tan bien de él y decían que a él le iba a gustar. Pensé que él se iba a enamorar de mí. Me gustaba todo de su vida, los restaurantes que frecuentaba, todo. Yo sólo lo esperaba y cuando apareció me amenazó con un juicio.

- Es interesante cómo uno se puede enamorar de una acción.

- Ah, s í, yo me enamoré. La gen-te se enamora por Internet, no? Pero para mí no era ninguna ficción. Iba al restaurante que estaba en su agenda y me parecía bonito. Encontraba a su mejor amigo y me gustaba. Era una realidad. Me gustaba todo lo suyo, no era una ficción. Por ser alguien con quien nunca había tenido un vínculo, la excitación que me provocó ese trabajo fue más fuerte que cualquier tipo de culpabilidad moral. A veces uno hace cosas que no puede defender.


 

 

 

 
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