"poemas"
por Dante Alighieri.

      

 


TAN GRACIOSA...

Tan graciosa y gentil se manifiesta
la amada mía si serena pasa
que las lenguas temblando quedan mudas
y que los ojos ni a mirar se atreven.

Ella se aleja, oyéndose alabada,
benignamente de humildad vestida,
y da la sensación de haber venido
desde el cielo, a manera de un milagro.

Muéstrase tan gracisosa a quien la mira
que, al verla, nos produce una dulzura
que no puede entender quien no la prueba.

Y parece que exhale de sus labios
un espíritu suave, de amor lleno,
que al alma va diciéndole: Suspira.

CANCIÓN

Aspero quiero que mi verso sea
ígual que la conducta de mi bella,
cuya dureza crece
con la extraña crueldad a cada instante,
y su cuerpo reviste de diamante
en forma tal (o quizá porque me huye)
que en mi carcaj no encuentro
la flecha que la hiere y la desnude;
mortal es tu mirada, e imposible
escapar o esconderse de sus ojos,
que, cual si alados fueran,
sus golpes vuelan y mi escudo rompen;
no la conozco, pero a sus pies caigo.

Coraza no hallo que ella no traspase,
ni lugar donde esconderme de su rostro;
cual flor sobre la fronda,
en lo alto de mi mente se halla erguida;
y mi dolor apenas la conmueve,
más que el mar dilatado a un buen velero;
y el pesar que me dobla
tal es que ante él mis versos palidecen.
Ah, cepo despiadado y angustioso,
implacable acabando así mi vida,
¿por qué no te contienes
y dejas de roerme las entrañas,
pues yo callé de la culpable el nombre?

Y me siento temblar si en ella pienso
en paraje donde otros puedan verme,
por miedo a que trasluzca mi deseo
y los demás lo vean;
no tiemblo ante la muerte (mis sentidos
con sus dientes Amor ha devorado);
pues mi mente destruye
mis fuerzas, y mis miembros debilita.
Amor me hizo caer, y me amenaza
con la espada que a Dido dio muerte,
Amor, a quien yo imploro,
cuartel pidiendo, y le ruego, humildemente,
mas él es insensible a la piedad.

De vez en cuando alza la mano, impío,
y desafía mis cansadas fuerzas;
yazgo sobre la tierra,
se me acaban las fuerzas, no me muevo;
y surgen en mi mente fuertes gritos,
y la sangre, dispersa por las venas,
acude al corazón, que la llamaba;
blanco está mi rostro.
Y Amor me hiere so el izquierdo brazo
con golpe que conmueve mis entrañas,
y digo: "Si levanta
la mano una vez más, vendrá la Muerte
antes de que su golpe hasta mí caiga."

¡Ojalá yo lo viera malherir
a aquella que mi cuerpo descuartiza!
No me sería amarga
la muerte que amenaza mi destino:
que de día y de noche me la acerca
la asesina y ladrona que me asedia.
¡Ay! Mas ¿por qué no aúlla
mi nombre, cual yo el suyo, desde lo hondo?
Bien pronto le gritará que: "Allá voy";
gustoso acudiría, acariciando
la rubia cabellera
que Amor para mi mal encrespa y dora,
y agradable hallaría mi presencia.

Si sus trenzas lograra acariciar
(que látigo son hoy y duro freno)
tomándolas al alba
a su vera la noche me encontrara:
y no quedará con las manos quietas,
sino cual oso que al jugar abraza,
ya que Amor me tortura
mil veces con mis besos me vengara.
Y sus dos ojos, que despiden chispas
y el corazón incendian en mi pecho,
lento contemplaría
vengándome con ello de su huída;
y el beso de la paz yo les daría.
Canción, ve sin tardar hacia la hermosa
que el corazón me hiere y que me roba
aquello que más quiero,
y su pecho atraviesa con tus flechas;
que la venganza buen honor conquista.

A GUIDO
(Traducción de Clemente Althaus)

 Tú Guido, y yo con Lapo desearía
 que fuésemos por alto encantamiento
 puestos en un bajel que a todo viento
 a nuestra voluntad bogara y mía.
 
 Y ni mal tiempo o tempestad bravía
 nos pudiese causar impedimento,
 antes creciese en el común contento
 el deseo de estar en compañía.
 
 Y allí el encantador condescendiente
 también pudiese a nuestras damas bellas,
 Beatriz, Juana y la que Safo adora:
 
 ¡Y hablando allí mi amor eternamente,
 tan satisfechas cual nosotros ellas,
 se nos huyese un siglo como una hora!

 

Alabanza de Beatriz
(Traducción de Clemente Althaus)

 Lleva en sus ojos al amor sin duda
 la que embellece todo lo que mira;
 y tal respeto su presencia inspira,
 que el corazón le tiembla al que saluda.
 

 Dobla él la faz que de color se muda
 y sus defectos al sentir suspira;
 huyen ante ella la soberbia e ira;
 ¡oh bellas, dadme en su loor ayuda!
 

 Toda dulzura, toda venturanza
 nace el alma del que hablar la siente;
 mas, si en sus labios la sonrisa brilla,
 

 se muestran tal, que ni la lengua alcanza
 nunca a decir, ni a comprender la mente
 tan nueva e increíble maravilla.

 

Saludo a Beatriz
(Traducción de Clemente Althaus)

 Tan honesta parece y tan hermosa
 mi casta Beatriz cuando saluda,
 que la lengua temblando queda muda
 y la vista mirarla apenas osa.
 

 Ella se va benigna y humillosa
 y oyéndose loar, rostro no muda
 y quien la mira enajenado duda
 si es visión o mujer maravillosa.
 

 Muéstrase tan amable a quien la mira
 que al alma infunde una dulzura nueva
 que solo aquél que la sintió la sabe.

 

AMOR E'L COR GENTIL

Corazón y el Amor son una cosa
sola y gentil -el sabio lo ha dictado.
Ninguno sin el otro ha palpitado,
que la razón no puede estar ociosa.

Falla natura cuando está amorosa,
y Amor o el Corazón por un cuidado;
transcurra el tiempo breve o dilatado,
lo mismo en inquietud que si reposa.

Si a la Bella se suma la Discreta,
y nuestra vista bebe su dulzura
colmando el corazón de ansia secreta,

del Amor al asedio que perdura
pidiendo estadio la Beldad nos reta
como bravo adalid en su armadura.

Versión de: Carlos López Narváez
 
 
CANTO I° DE LA DIVINA COMEDIA

(Fragmento)

Del camino a mitad de nuestra vida
encontréme por una selva oscura,
que de derecha senda era perdida.
¡Y cuánto en el decir es cosa dura
esta selva salvaje, áspera y fuerte,
que en el pensar renueva la pavura!
Tanto es amarga que es poco más muerte:
más, para hablar del bien que allí encontrara
diré otras cosas de que fui vidente.
Yo no se bien decir cómo allí entrara;
tan lleno era de sueño en aquel punto
que el derecho camino abandonara.
Mas luego, al ser al pie de un monte junto
en donde daba término aquel valle
que aflicto en miedo el corazón me tuvo,
miré a lo alto, y vi que era en su talle
vestido ya de rayos del planeta
que nos guía derecho en cualquier calle.
Fue entonces la pavura un poco quieta,
que en el lago del pecho aún me duraba
la noche, que pasara tanto inquieta.
Y como aquel que con cansadas ansias,
salido ya del piélago a la riba,
se vuelve a ver las peligrosas aguas,
así el ánima mía, aún fugitiva,
se volvió atrás a remirar el paso
que no dejó jamás persona viva.
Cuando di algún reposo al cuerpo laso
aquella proseguí playa desierta,
tal que el pie firme siempre era el más bajo.
Y he aquí, casi al comenzar la cuesta
una onza ligera y presta pronto,
que de pie maculada era cubierta:
y no se me apartaba de ante el rostro,
así tanto impedía mi camino
que muchas veces intenté el retorno.
Tiempo era el principio matutino,
y remontaba el sol con las estrellas
que eran con él, cuando el amor divino
movió al principio aquellas cosas bellas;
tal que de esperar bien me dio ocasión,
de la fiera de piel pintada aquella,
la hora del tiempo y dulce la estación:
mas no sin que temor no me infundiese
la aparecida vista de un león.
Este semblaba contra mi viniese
con la testa alta y apetito fiero,
que el aire parecía le temiese;
mas una loba, que de todo anhelo
parecía cargada en su magrura,
y vivir mucha gente hizo con duelo,
esta causome turbación tan dura
con el temor, nacido de su vista,
que perdí la esperanza de la altura.
Y como aquel, que con placer aquista,
y llega el tiempo que perder le haga,
que en todo su pensar llora y se atrista,
tal me hiciera la fiera de paz falta,
que, viniendo a mi encuentro, poco a poco,
me rechazaba allí donde el sol falla.
Mientras retrocedía al lugar hondo
ante mi vista se hizo descubierto
quien mudo pareció en lo silencioso.
Cuando yo le miré en el gran desierto,
"Apiádate de mi -le grité al mismo-,
quienquiera seas, sombra u hombre cierto."
Respondiome: "Hombre no; hombre ya he sido,
los que diéronme el ser fueron lombardos,
y ambos por patria a Mantua la han tenido.
Nací sub Julio, bien que un poco tardo
y viví en Roma, bajo el buen Augusto,
en tiempos de engañosos dioses falsos.
Poeta he sido, y yo canté del justo
hijo de Anquises, que volvió de Troya
después que fuese el soberbio Ilión combusto.
Mas, ¿por qué a tanta pena tu retornas?
¿por qué no vas al deleitoso monte
que es principio y razón de dicha toda?"
"¿Eres tu aquel Virgilio, aquella fuente
que tan gran río en el hablar difunde?
-le respondí con vergonzosa frente-.
¡Oh, de los otros poetas honra y lumbre!
válgame el largo estudio y grande amor,
que a mí buscar me han hecho tu volumen.
Eres tu mi maestro, eres mi autor:
eres tu solo aquel, de quien yo hurto
el bello estilo, que me ha dado honor.
Mira la bestia por la cual yo huyo:
de ella, famoso sabio, has de ayudarme,
que me hace estremecer venas y pulso."
Te conviene seguir distinto viaje,
-dijo, después de ver que yo lloraba-,
si quieres huir de este lugar salvaje:
porque esta bestia, por la qual tu clamas,
no deja que otro pase por su vía,
mas tanto se lo impide que lo mata;
y es su natura tan malvada e impía
que su rabiosa gana nunca llena,
y ha más hambre al comer que antes tenía.
Con muchos animales se empareja,
y aún serán muchos más, hasta que el Veltro
vendrá, y hará que con dolor se muera.
Este no comerá tierra ni peltro,
pero si amor, virtud, sabiduría,
y su patria estará entre Feltro y Feltro;
será salud de aquella humilde Italia,
por quien murió la virginal Camila,
Euríalo y Turno y Niso en la batalla.
Este la cazara por cada villa,
hasta arrojarla dentro del infierno,
del que al principio la sacó la envidia.
Mas ahora por tu bien pienso y discierno
que tu me sigas, yo seré tu guía:
te sacaré de aquí a un lugar eterno,
donde oirás espantosa gritería:
verás viejos espíritus en duelo,
que todos la segunda muerte ansían;
luego aquellos verás, que están contentos
en fuego, porque esperan la llegada
entre los alabados, a su tiempo:
a los cuales, si tu ascender desearas,
otra alma te quiara que yo más digna,
te dejaré con ella cuando parta:
que aquel Emperador, que reina arriba,
porque yo con su ley rebelde me hice,
no quiere a su cuidad por mi la ida.
En toda parte impera y allí rige,
allí está su ciudad y su alto asiento:
¡dichoso aquel, que al lado suyo elige!"
Yo le dije: "Poeta, te requiero
por ese Dios que tu no conociste,
para huir de este mal o más adverso,
que me lleves allá donde dijiste,
tal que yo vea la puerta de San Pedro
y aquellos que tu dices ser tan tristes."
Anduvo entonces, y seguí postrero.

Versión de: Carlos López Narváez
 

CANTO III DE LA DIVINA COMEDIA ( fragmento )
INSCRIPCIÓN

Por mí se llega a la ciudad doliente.
Por mí se avanza hacia la eterna pena.
Por mí se va tras la perdida gente.
Dios al pecado señaló condena
y surgí entonces cual suprema alianza
del poder sumo y la justicia plena.
Y no existiendo en mí fin ni mudanza
nada me precedió sino Dios mismo.
Los que entrásteis perded toda esperanza.

Versión de: Nicolás Bayona Posada
 

CON L'ALTRE DONNE

Otra ninguna mis pupilas llena;
y si las miro, no dudéis, Señora:
lo que disperso en otras enamora
vuestra beldad lo junta en gracia plena.

La vuestra duda no será condena,
ni razón contra mí torturadora:
por tanta gallardía seductora,
tan fija a vuestro ser va mi cadena,

que a cuanto no es lo vuestro, fenecidos,
sólo en Vos mi pensar y mis sentidos
saben vivir su esclavitud gozosos.

Y si en otras mudara alma y figura,
nuevo Luzbel sería, de la Altura
cayendo a los abismos tenebrosos.

Versión de: Carlos López Narváez

 
LA VIDA NUEVA     (fragmento)

Muchas veces me vienen a la cabeza
la oscura cualidad que me da el Amor
y me tengo lástima y así me digo:

¡Ay de mí!, ¿les pasa esto a otros?;
porque tan hábilmente me asalta el amor
que la vida casi me abandona:
sólo un hilo de espíritu deja medio vivo,
uno que sólo por ti vive y razona.

Luego me esfuerzo, yo deseo salvarme,
y casi muerto, sin ningún valor,
vengo a verte, creyendo así curarme:

y cuando alzo los ojos para observarte
en mi corazón se inicia un terremoto
que suspende en mi alma todos los latidos.

  
OLTRE LA SPERA...

Allende el orbe de rodar más lento
llega el suspiro que mi pecho exhala:
nuevo intelecto con que Amor escala
célica altura en alas del lamento.

Cuando alcanza la cima de su intento
ve la Mujer que otra ninguna iguala
por su esplendor: a quien todo señala
de Amor para el más alto rendimiento.

Viéndola así, con voz sutil, ardiente,
Amor le habla al corazón doliente
que lo interroga y no comprende nada.

Soy yo quien me hablo a mí y ante la bella
membranza de Beatriz, todo destella
y lo entiende mi mente iluminada.

Versión de: Carlos López Narváez
 
 
SONETO

Amor brilla en los ojos de mi amada,
y se torna gentil cuando ella mira:
donde pasa, todo hombre a verla gira
y a quien ve tiembla el alma enamorada.
Anochece si esconde su mirada,
y por volverla a ver todo suspira:
ante ella la soberbia huye y la ira;
bellas, honrad conmigo a mi adorada.
Feliz mil veces quien la ve y la siente;
al nacerle el alma al punto empieza
todo humilde pensar, toda dulzura,
y no sabe, almirarla sonriente,
si en ella se excedió naturaleza,
o el milagro gentil tanta hermosura.

Versión de: Alejandro Araoz Frazer

  
SONETO XL

Peregrinos que vais meditabundos
talvez en algo que no veis presente:
¿Venis desde una tan remota gente
que os miro, con agobios tan profundos
y sin llanto en los ojos errabundos,
ir a través de la ciudad doliente,
como si ciego, sordo, indiferente,
la viera vuestro ser desde otros mundos?
Me dice el corazón entre lamentos
-parad por escucharlo unos momentos-
que al salir d'ella os seguirá el quebranto.
Ya su BEATRIZ sólo es celeste sombra,
y de toda palabra que la nombra
fluye un acerbo manantial de llanto.

Versión de: Carlos López Narváez

  
TANTO GENTILE

Tanto es gentil el porte de mi amada,
tanto digna de amor cuando saluda,
que toda lengua permanece muda
y a todos avasalla su mirada.
Rauda se aleja oyéndose ensalzada
-humildad que la viste y que la escuda-,
y es a la tierra cual celeste ayuda
en humano prodigio transformada.

Tanto embeleso el contemplarla inspira,
que al corazón embriaga de ternura:
lo siente y lo comprende quien la mira.

Y en sus labios, cual signo de ventura,
vagar parece un rizo de dulzura
que el alma va diciéndole: ¡Suspira!

Versión de: Carlos López Narváez

  
TUTTI LI MIEI PENSER...

Sabe sólo de Amor mi pensamiento;
por él y en él lo tengo tan cambiante:
de Amor la potestad lo lleva amante,
o a loco razonar, su valimiento.

Me infunde en la esperanza dulce aliento,
o acerbo lloro en onda desbordante;
tan sólo se unifica si tremante
mi alma de pavor se ve un momento.

Y así mi suerte ignoro en la contienda,
y no querer decirlo y que lo diga:
vagando voy en amorosa erranza...

Y si con todos he de hacer alianza
vano será clamarle a mi enemiga
-la insensible Piedad- que me defienda.

Versión de: Carlos López Narváez

 VEDE PERFETTAMENTE...

Bien sabe a cuál saluda y reverencia
el que vea entre damas a la mía;
todas ellas hacerle compañía
tienen de Dios como gentil clemencia.

De su beldad es tánta la excelencia
que envidias no despierta ni falsía:
bien antes, galanura y ufanía
-dones de Amor- afinca su presencia.

De su redor dimana mansedumbre
y así vestidas de su misma lumbre,
cada una, sintiéndolo, se honora.

Fue siempre todo en Ella tan luciente,
que nadie, suspirando dulcemente,
podrá olvidar su gracia arrobadora.

Versión de: Carlos López Narváez

Dante Alighieri, Florencia (1265-1321)

 


 



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