"poemas"
por John Donne.

      

 


Alquimia de amor

Algunos que más hondo que yo en la mina del amor han excavado
dicen dónde se halla su céntrica felicidad.
         Yo he amado, y poseído, y relatado,
mas, aunque hasta la ancianidad amara, poseyera y refiriera,
ese misterio escondido no habría de encontrarlo.
         Todo, ¡ay!, es impostura.
Y como ningún alquimista obtuvo aún el elixir,
         mas su marmita repleta glorifica
         si por casualidad
algo odorífero o medicinal le sobreviene,
   así un deleite pleno y prolongado sueñan los enamorados,
   para obtener una noche de estío, de apariencia invernal.

Por esta vana sombra de burbuja ¿habremos de entregar
nuestro bienestar, esfuerzo, honor y vida?
         ¿En esto amor termina? ¿puede cualquiera
tan feliz ser como yo si soportar puede
la burla breve de una representación de novio?
         Ese infeliz amante que asegura,
no es la médula del cuerpo; es de la mente,
         lo que él en ella angelical encuentra,
         igual jurar podría que escucha en el rudo,
crudo, griterío de ese día, las esferas.
   No esperes hallar inteligencia en la mujer: a lo sumo,
   dulzura e ingenio; momias , sólo, poseídas.

Versión de Purificación Ribes

 

Amor negativo

Nunca tanto me abatí como aquellos
que en un ojo, mejilla, labio, hacen presa;
   Rara vez hasta aquellos que más no se remontan
   que para admirar virtud o mente:
pues sentido e inteligencia pueden
   conocer aquello que su fuego aviva.
Mi amor, aunque ignorante, es más audaz.
Fracase yo cuando suspire,
si he de saber qué desearé.

Si es simplemente lo perfecto
lo que expresarse no se puede
   sino con negativos , así es mi amor.
   Al todo que todos aman digo no.

Si quien descifrar puede
   aquello que desconocemos, a nosotros, conocer puede,
enséñeme él esa nada. Ëste, por ahora,
mi alivio es y mi consuelo:
aun cuando no progreso, fallar no puedo.

Versión de Purificación Ribes

 

El corazón roto

Loco de remate está quien dice
   haber estado una hora enamorado,
mas no es que amor así de pronto mengüe, sino que
   puede a diez en menos plazo devorar.
¿Quién me creerá si juro
haber sufrido un año de esta plaga?
   ¿Quién no se reiría de mí si yo.dijera
   que vi arder todo un día la pólvora de un frasco?

¡Ay, qué insignificante el corazón,
   si llega a caer en manos del amor!
Cualquier otro pesar deja sitio
   a otros pesares, y para sí reclama sólo parte.
Vienen hasta nosotros, pero a nosotros el Amor arrastra,
y, sin masticar, engulle.
   Por él, como por bala encadenada, tropas enteras mueren.
   El es el esturión tirano; nuestros corazones, la morralla.

Si así no fue, ¿qué le pasó
   a mi corazón cuando te vi?
Al aposento traje un corazón,
   pero de él salí yo sin ninguno.
Si contigo hubiera ido, sé
que a tu corazón el mío habría enseñado a mostrar
   por mí más compasión. Pero, ¡ay!, Amor,
   de un fuerte golpe lo quebró cual vidrio.

Mas nada en nada puede convertirse,
   ni lugar alguno puede del todo vaciarse,
así, pues, pienso que aún posee mi pecho todos
   esos fragmentos, aunque no estén reunidos.
Y ahora, como los espejos rotos muestran
cientos de rostros más menudos, así
   los añicos de mi corazón pueden sentir agrado,
                                                              deseo, adoración,
pero después de tal maor, de nuevo amar no pueden.

Versión de Purificación Ribes

 

La aparición

Cuando por tu despecho, ¡oh inmoladora!, esté muerto,
                 y libre te creas ya
de todos mis asedios,
vendrá entonces mi espectro hasta tu lecho
y a ti, vestal farsante, en peores brazos hallará.
Parpadeará entonces tu enfermiza llama,
y aquel, tu entonces dueño, fatigado ya,
si te mueves, o intentas despertarlo con pellizcos, pensará
                 que pides más,
y en sueño simulado te rehuirá,
y entonces, álamo tembloroso, menospreciada, abandonada,
te bañarás en gélido sudor de azogue,
espectro más real que el mío propio.
Lo que diré no he de decirlo ahora,
no vaya eso a protegerte. Desvanecido ya mi amor,
antes quisiera verte con dolor arrepentida
que, por mis amenazas, inocente.

Versión de Purificación Ribes

     

Seducción

Ven a vivir conmigo, y sé mi amor,
y nuevos placeres probaremos
de doradas arenas, y arroyos cristalinos;
con sedales de seda, con anzuelos de plata.

Discurrirá entonces el río susurrante
más que por el sol, por tus ojos calentado,
y allí se quedarán los peces enamorados,
suplicando que a sí puedan revelarse.

Cuando tú en ese baño de vida nades,
los peces todos de todos los canales
hacia ti amorosamente nadarán,
más felices de alcanzarte, que tú a ellos.

Versión de Purificación Ribes

 

Usura de amor

Por cada hora que ahora me concedas,
                te entregaré,
Dios usurero del Amor, a ti, veinte,
cuando a mis cabellos negros los grises sean iguales.
Hasta entonces, Amor, deja que mi cuerpo reine, y deja
que viaje, me quede, aproveche, intrigue, posea, olvide;
la del año anterior retorne, y piense que aún
                no nos conocíamos.

Deja que imagine mía la misiva de cualquier rival,
                y nueve horas después cumpla la promesa
de la media noche. En el camino tome
a doncella por señora, y a ésta le hable del retraso.
Deja que a ninguna ame, ni a la diversión siquiera.
Desde la hierba del campo hasta las confituras de la Corte
o fruslería de la urbe, deja que informes
                a mi mente la transporten.

Esta oferta es buena. Si, cuando viejo, por ti
                soy inflamado;
si tu honor, mi pudor o mi dolor
codicias, más a esa edad podrás ganar.
Haz tu voluntad entonces; entonces objeto y grado,
y frutos del amor. Amor, a ti someto.
Déjame hasta entonces. Lo acataré, aunque se trate
                de una que me ame.

Versión de Purificación Ribes

 

La salida del Sol


Viejo necio afanoso, ingobernable sol,
      ¿por qué de esta manera,
      a través de ventanas y visillos, nos llamas?
      ¿Acaso han de seguir tu paso los amantes?
      Ve, lumbrera insolente, y reprende más bien
     a tardos colegiales y huraños aprendices,
      anuncia al cortesano que el rey saldrá de caza,
      ordena a las hormigas que guarden la cosecha;
      Amor, que nunca cambia, no sabe de estaciones,
      de horas, días o meses, los harapos del tiempo.

¿Por qué tus rayos juzgas
      tan fuertes y esplendentes?
      Yo podría eclipsarlos de un solo parpadeo,
      que más no puedo estarme sin mirarla.
      Si sus ojos aún no te han cegado,
      fíjate bien y dime, mañana a tu regreso,
      si las Indias del oro y las especias
      prosiguen en su sitio, o aquí conmigo yacen.
      Pregunta por los reyes a los que ayer veías
      y sabrás que aquí yacen Todos, en este lecho.

Ella es todos los reinos y yo, todos los príncipes,
      y fuera de nosotros nada existe;
      nos imitan los príncipes. Comparado con esto,
      todo honor es remedo, toda riqueza, alquimia.
      Tú eres, sol, la mitad de feliz que nosotros,
      luego que a tal extremo se ha contraído el mundo.
      Tu edad pide reposo, y pues que tu deber
     es calentar el mundo, con calentarnos baste.
      Brilla para nosotros, que en todo habrás de estar,
      este lecho tu centro, tu órbita estas paredes. -

 
      - Versión de Jordi Doce

 

Anzuelo

Ven a vivir conmigo y sé mi amante.
     A tentación llamemos nuevos goces
     -con argénteos anzuelos y sedales de seda-
     por doradas arenas de cristalino arroyo...

Y más que por el sol, al paso de tus ojos
     habrán de caldearse las aguas insinuantes.
     Peces enamorados implorarán en ellas
     se los deje a su antojo traicionarse.

Cuando nades en ese ardiente baño
     a ti se arrimarán de todos los rincones
     los amorosos peces, exultantes
     de cogerte lo mismo que tú a ellos.

Si te disgusta que el sol o la luna
     te vean, ensombrécelos.
     Pues si tengo tu venia para verte
     su luz -teniéndote- no necesito.

Deja que con su caña los otros se entumezcan
     y se raspen las piernas con conchas y estropajos.
     O que a traición asechen con malla mosquitera,
     o lazo que estrangula, a desdichados peces.

Que del nido de limo de la margen audaces
     manos toscas extraigan los peces enterrados.
     O curiosas traidoras -moscas de seda cruda-
     arroben errabundos ojos de pobres bichos.

Pero tú no precisas de añagazas afines
     porque tu propio anzuelo eres tú misma.
     El pez que no ha picado contigo todavía
     es más trucha ¡ay! que yo. -

- Traducción de José Luis Rivas

 

El testamento

     Antes que entregue al fin mi último suspiro, permíteme que exhale,
     oh poderoso Amor, algunas voluntades. Por la presente dejo
     mis pupilas a Argos, si mis pupilas ven,
     mas si son ciegas, a ti las dejo, Amor;
     a la Fama , mi lengua; a los embajadores, mis oídos;
     a las mujeres o al mar, mi llanto.
     Tú, Amor, me has enseñado tiempo hace,
     cuando me hiciste siervo de mujer que otros veinte tenía,
     a nada dar sino al que antes en demasía hubiese ya tenido.
      
     Mi constancia la doy a los planetas;
     mi verdad, a quienes viven en la corte;
     mi ingenuidad y mi franqueza
     doy a los jesuitas; a los bufones, mi melancolía;
     mi silencio, a cualquiera que haya vuelto de lejanos
      países;
     a un capuchino, mi dinero.
     Tú, Amor, me has enseñado, pues me hiciste
     amar donde el amor no tenía acogida,
     a dar tan sólo a quien el don no sirve.
      
     Doy mi fe a los católicos romanos;
     mis buenas obras doy a los cismáticos
     de Amsterdam; lo mejor de mis modos
     y mi cortesanía, a una universidad;
     mi modestia la doy a harapientos soldados;
     compartan los jugadores mi paciencia.
     Tú, Amor, me has enseñado, pues me hiciste
     amar a una mujer que mi amor tuvo en poco,
     a dar a quien mis dones juzga indignos.
      
     Doy mi reputación a cuantos fueron
     mis amigos; mi habilidad, a mis enemigos;
     lego a los escolásticos mis dudas;
     mi enfermedad, a médicos o a excesos;
     a la naturaleza, cuanto he escrito en verso;
     y a mis compañeros doy mi ingenio.
     Tu, Amor, que me rendiste
     a quien antes en mí este amor engendrara,
     me has enseñado a dar como si diese, cuando tan sólo restituyo.
      
     A aquel por el que doble la próxima campana
     dejo mis libros médicos; todos mis manuscritos
     de consejos morales doy a los manicomios;
     mis medallas de bronce, a los que viven
     en privación de pan; lego a los que viajan
     por tierras extranjeras mi lengua inglesa.
     Tú, Amor, que me impusiste amar
     a quien creyó su amor suficiente alimento
     para amantes más jóvenes, da también a mis dones igual desproporción.
      
     Dejaré, pues, de dar; mas desharé
     el mundo con mi muerte, porque con ella morirá el amor.
     Todas vuestras bellezas no valdrán más entonces
     que el oro de las minas cuando nadie lo extrae;
     ni serán ya más útiles todos vuestros encantos
     que un cuadrante solar en una tumba.
     Tú, Amor, me enseñas, pues me has enamorado
     de quien a ti y a mí deja en olvido,
     a inventar y aplicar el solo medio que a los tres a la
      nada nos reduce. -

- Versión de José Ángel Valente

 

CANCIÓN

Ve y coge al vuelo una estrella fugaz,

Fecunda la raíz de la mandrágora,

Cuéntame dónde están los anos idos

O quién hendió la pezuña del diablo;

Enséñame a escuchar canciones de sirenas,

A evitar la punzada de la envidia

Y a descubrir

Cual es el viento

Que ayuda a mejorar a un alma buena.

Si el don tienes de ver visiones singulares

Y cosas invisibles,

Cabalga diez mil días con sus noches

Hasta que la vejez nieve en tu pelo.

Al volver, me dirás

Todas las maravillas que encontraste,

Y has de jurar

Que en parte alguna

Vive moza que sea fiel y bella.

Si das con una, infórmame.

Dulce sería tal peregrinaje;

Mas no, yo no lo haría

Aunque el encuentro fuera

En la casa de al lado, pues si aún era fiel

Cuando la descubriste, y al enviar tú la carta,

Ella será

Infiel a dos, o tres,

Antes de que yo acuda.

- Traducción de José Luis Rivas

 

LA PROHIBICIÓN


     Guárdate de quererme.
Recuerda, al menos, que te lo prohibí.
No he de ir a reparar mi pródigo derroche
de aliento y sangre en tus llantos y suspiros,
siendo entonces para ti lo que tú has sido para mí.
Pues goce tan intenso consume al punto nuestra vida.
Así, a fin de que tu amor frustrarse no pueda por mi muerte,
si tú me amas, guárdate de quererme.

      Guárdate de odiarme,
o de excesivo triunfo en la victoria.
No es que yo a mí mismo haga justicia,
y me resarza del odio con más odio,
pues tú el título perderás de conquistador
si yo, tu conquista, perezco por tu odio.
Así, a fin de que mi ser a ti en nada perjudique,
si tú me odias, guárdate de odiarme.

        Mas ama y ódiame también.
Así ambos extremos la función de ninguno cumplirán.
Ámame para que pueda morir del modo placentero.
Ódiame, porque tu amor es excesivo para mí,
o deja que los dos mutuamente, y no a mí, se destruyan.
Viviré enttonces para apoyo y triunfo tuyo.
Así, para que tú a mí, a tu amor y odio no destruyas,
déjame vivir, pero ama y ódiame también.

Versión de purificación ribes

 

 

EL MENSAJE

Devuélveme mis ojos largamente descarriados,
pues es ya mucho el tiempo que han estado sobre ti;
mas ya que tales males allí han aprendido,
     tales conductas forzadas
     y apasionamiento falso,
         que por ti
         nada bueno
pueden ver, quédatelos para siempre.

Devuélveme mi corazón inofensivo,
que pensamiento indigno no podría mancillarlo,
pero si el tuyo le enseñara
     a burlarse
     del amor;
          a quebrantar
          palabra y juramento,
quédatelo, porque mío no será.

Pero devuélveme mi corazón, mis ojos,
que pueda ver y conocer tu falsedad;
que pueda reírme y gozar
     cuando te angusties,
     cuando languidezcas
          por aquel
          que no querrá,
o, como tú ahora, falso sea.

Versión de Purificación Ribes

 

CONSTANCIA DE MUJER

Un día entero me has amado.
Mañana, al marchar, ¿qué me dirás?
¿Adelantarás la fecha de algún voto recién hecho?
               ¿O dirás que ya
no somos los mismos que antes éramos?
¿O que de promesas hechas por temor reverente
del amor y su ira, cualquiera puede abjurar?
¿O que, como por la muerte se disuelven matrimonios verdaderos,
así los contratos de amantes, a imagen de los primeros,
atan sólo hasta que el sueño, imagen de la muerte, los desata?
¿O es que para justificar tus propios fines
por haber procurado falsedad y mudanza, tú
no conoces sino falsedad para llegar a la verdad?
Lunática vana, contra estos subterfugios podría yo
                argumentar, ganando, si lo hiciera.
                Pero me abstengo,
porque mañana puede que yo así también piense.

Versión de Purificación Ribes

 

 


 



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