Documentos

398 textos de 268 autores
  1. Bertrand Russell Educación y disciplina Traducción de Ricardo Gómez Giraldo Publicado en 1932 en su libro Elogio de la ociosidad 10 min de lectura
  2. Stefan Nowotny Efectos inmanentes. Notas sobre la creactividad Traducción de Gala Pin Ferrando y Glòria Mèlich Bolet, revisada por Joaquín Barriendos 27 min de lectura
  3. Levi-Strauss El análisis estructural, en lingüística y en antropología Publicado con igual título en Word, Journal of the Linguistic Circle of New York, vol.1, n°2, ag. 1945. 40 min de lectura
  4. Friedrich Nietzsche El arte de escribir 2 min de lectura
  5. Peter Sloterdijk El arte se repliega en si mismo Presentación de una exposición singular Traducido del original en alemán por Francisco Felipe 26 min de lectura
  6. Francisco Giner de los Ríos El arte y las artes 1871. Estudios de literatura y arte. Madrid: Librería de Victoriano Suárez, 1876. 29 min de lectura
  7. Theodor W. Adorno El artista como lugarteniente Fuente: Versión parcial de Theodor Adorno, "El artista como lugarteniente", en Crítica cultural y Sociedad, Colección Grandes pensadores, ed. Sarpe, Madrid, pp. 205-219 (trad. Manuel Sacristán) 20 min de lectura
  8. Susan Sontag El artista como sufridor ejemplar 1962 El más rico de los estilos es la voz sintética del personaje principal. PAVESE. 17 min de lectura
  9. Georg Simmel El conflicto de la cultura moderna Traducción de Celso Sánchez Capdequ 36 min de lectura
  10. Arnold Schoenberg El corazón y el cerebro en la música en El Estilo y la idea, ed. Taurus, Madrid, 1963 10 min de lectura
  11. Edmund Wilson El crítico que no existe 1 de Febrero de 1928 Traducción de Lucinda Gutiérrez 10 min de lectura
  12. William Turner El cuaderno rescatado W. Turner, "El cuaderno rescatado", recopilación de fragmentos en Javier Cófreces-Alberto Muñoz, Venecia negra, Buenos Aires, ediciones en Danza, pp. 183-190 7 min de lectura
  13. Leopoldo Alas Clarín El derecho y la moralidad Determinación del concepto del derecho y sus relaciones con el de la moralidad. Discurso leído en los ejercicios del grado de doctor por Leopoldo Alas Clarin 103 min de lectura
  14. Juan Rulfo El desafío de la creación Rulfo, Juan. El desafío de la creación, en Zavala, Lauro (ed.) 8 min de lectura
  15. Eric Hobsbawm El desafío de la razón. Manifiesto para la renovación de la historia Discurso de cierre del coloquio de la Academia británica sobre historiografía marxista (13-11-2004). 16 min de lectura
  16. Max Weber El desarrollo de la ideología capitalista En Historia Económica General 27 min de lectura
  17. Tucídides El discurso fúnebre de Pericles TUCÍDIDES. Nació aproximadamente 460 a .C. y murió 400 a .C. Participó en la guerra que su obra clásica relata. La guerra del Peloponeso. Este célebre discurso aparece en el Libro II de dicha obra.El Discurso Fúnebre de Pericles, pronunciado el año 431 a .C. en el Cementerio del Cerámico, en Atenas, es uno de los más altos testimonios de cultura y civismo que nos haya legado la Antigüedad. Por de pronto, es mucho más que un mero discurso fúnebre. Las exequias de las víctimas del primer año de la guerra contra Esparta le brindan a Pericles la oportunidad de definir el espíritu profundo de la democracia ateniense, explayándose sobre los valores que presiden la vida de sus conciudadanos y que explican la grandeza alcanzada por su ciudad. El discurso no es, por cierto, transcripción fiel de lo efectivamente dicho por el político y orador ateniense, sino la verosímil recreación de su contemporáneo, el historiador Tucídides, que lo incorporó al relato de sus Historias (II, 35-46), donde se narran las guerras entre Atenas y los peloponesios. También es claro, por otra parte, que en esta pieza no hay una cabal exactitud histórica en la descripción de Atenas, cuya realidad aparece idealizada. Pero todo esto, en última instancia, es irrelevante para la historia. Al menos, para la historia espiritual. Lo que a ésta le importa, en rigor, no es tanto saber lo que de hecho Atenas fue, sino más bien lo que ella creía ser.Es preciso que el lector sepa que este discurso fue escrito por Tucídides bastantes años después de que fuera pronunciado y cuando ya Atenas había sido derrotada. Así, más que el discurso fúnebre de Pericles a los caídos durante el primer año de la guerra, éste es el discurso fúnebre de Tucídides a la Atenas vencida que, aunque humillada en su derrota, se levantaba ya como un paradigma universal su cultura cívica. El panegírico a los muertos en combate, pues, aparece casi como un pretexto para abordar el elogio de la gloriosa Atenas antigua y hacer la defensa de la eternidad de su patrimonio.El Discurso Fúnebre de Pericles es un texto fundacional. Enclavado en los orígenes mismos de nuestra historia, constituye un originalísimo ejemplo de conciencia ciudadana y un modelo de reflexión política alentada por una optimista confianza en las posibilidades del hombre y en el progreso de la cultura humana.Conservando el tono retórico del original, la traducción que aquí ofrecemos ha procurado resolver con prudencia la oscuridad de ciertos pasajes de cuestionada interpretación. Notas mínimas, en fin, intentan enriquecer la comprensión del texto y satisfacer la curiosidad del lector. Antonio Arbea 16 min de lectura
  18. Friedrich Nietzsche El drama musical griego Traducción A. Sánchez Pascual. Alianza Editorial. 28 min de lectura
  19. Le Corbusier El espacio inefable Traducción Marisa Pérez Colina Artículo publicado originalmente en la revista L’Architecture d’Aujourd’hui, número extraordinario de abril de 1946, pp. 9-17. 20 min de lectura
  20. Friedrich Nietzsche El Estado griego Obra póstuma 1871 19 min de lectura
  21. Amartya Sen El futuro del Estado de Bienestar Conferencia pronunciada en el "Círculo de Economía" de Barcelona. 34 min de lectura
  22. Charles Chaplin El Gran Dictador Discurso final En plena guerra mundial, Hollywood produjo numerosas películas utilizadas como arma contra el nazismo, pero El gran dictador era algo más... algo demasiado peligroso para Hollywood. Los círculos más reaccionarios en Estados Unidos intentaron impedir que Chaplin la rodara. Se sentían reflejados en sus deseos más íntimos... sabían que alguna vez serviría para denunciarlos a ellos En 1938, cuando las “democracias occidentales» apoyaron tácitamente a Franco para evitar una España roja, mientras todos los países imperialistas claudicaban ante el nazismo y en el momento en que los altos círculos financieros norteamericanos mantenían una fluida relación con Hitler, Chaplin se une a la denuncia del fascismo que encabezaban casi en solitario las fuerzas comunistas. Él mismo tuvo que acabar de financiar la película ante el boicot y las presiones de la gran industria, que no la consideraban “conveniente” para la política exterior estadounidense. “Cuando estaba a mitad del rodaje empecé a recibir alarmantes recados de la United Artists. Les habían advertido por mediación de la Hays Office que tendría roces con la censura. También la oficina de Londres estaba muy preocupada con respecto a una película antihitleriana y dudaba que pudiera ser proyectada en Inglaterra. Pero yo estaba decidido a continuar, había que reirse de Hitler”. 3 min de lectura
  23. Rainer Werner Fassbinder El hombre y el cine / el hombre y su obra 15 min de lectura
  24. V.I. Lenin El imperialismo, etapa superior del capitalismo 1 min de lectura
  25. Joseph Roth El infierno en la tierra El Acantilado publicó La filial del infierno en la tierra, libro que recoge los artículos y cartas de Joseph Roth escritos durante su exilio en París. Puedes ver una selección compuesta por tres de ellos, en los que Joseph Roth avisa premonitoriamente, desde el mismo año de 1933, sobre la verdadera naturaleza del régimen nazi."Ha llegado el momento de irnos. Quemarán nuestros libros, pensando en nosotros. Si uno se llama Wassermann, Döblin o Roth no puede esperar más. Tenemos que marcharnos, para que sólo prendan fuego a los libros." Es lo que, según testimonio de un amigo, manifestó el escritor austriaco Joseph Roth en junio de 1932. Medio año después, el 30 de enero de 1933, abandonó Berlín, la ciudad en la que había pasado la mayor parte de los doce últimos años. No volvería a pisarla. El 10 de mayo de 1933 su pesadilla se hizo realidad: los libros de los autores "proscritos" ardieron en las calles. En el exilio en París y durante los seis años siguientes, hasta su muerte en 1939, apareció más de la mitad de su obra: algunas de sus novelas más importantes, como Confesión de un asesino, La cripta de los capuchinos o La leyenda del santo bebedo, y un buen número de artículos que sobre el totalitarismo y la dictadura en general y contra el régimen nacionalsocialista en particular escribió para distintas revistas y periódicos. Nadie lo hizo con tan inflexible claridad y convincente energía, con tanta pasión y a la vez desde la independencia. En La filial del infierno en la tierra (Kiepenheuer & Witsch, Colonia, 2003; El Acantilado, Barcelona, 2004) se han reunido por vez primera la mayor parte de esos artículos políticos y cuatro de las cartas que con el mismo tema dirigió a su amigo Stefan Zweig. La fuerza de una de las voces más originales de las letras alemanas se percibe ya desde algunos de los títulos de estos textos: "La muerte de la literatura alemana", "Auto de fe del espíritu", "Los judíos y los nibelungos", "El mito del alma alemana", "El orador apocalíptico", "El bozal para escritores alemanes" o "El enemigo de todos los pueblos". Enemigo que no es sino la indiferencia frente a las atrocidades que se cometen en el terreno de lo humano.• B. V. M. 13 min de lectura

Página 5 de 16